Cinco viajes a Marruecos, incluyendo un roadtrip de dos semanas recorriendo el país de punta a punta, y todavía tenía una espinita clavada en el mapa: Fez.
Me parecía increíble que, después de tantas fronteras cruzadas y tantos tés compartidos, la ciudad imperial más antigua se me siguiera resistiendo. Pero como todo en Marruecos llega cuando tiene que llegar, por fin me he adentrado en el laberinto de sus 9.000 callejuelas.
Y te digo una cosa: después de tanta experiencia en el país, Fez ha conseguido lo que creía imposible… volver a sorprenderme como si fuera mi primera vez. Hoy te cuento cómo es enfrentarse a la Medina más auténtica del mundo cuando creías que ya lo habías visto todo en Marruecos.
Si tienes previsto ir a Chefchaouen (o Chaouen), echa un ojo al post que he escrito.
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Consejos prácticos para viajar a Fez
Documentación para entrar en Marruecos
Si eres español/a, entrar en Marruecos es relativamente sencillo, pero no te confíes. Aquí no vale el DNI (aunque estés a un paso de Tarifa) y las reglas son claras. Toma nota para que no te den la vuelta en el mostrador de facturación.
El único documento válido para entrar es el Pasaporte. No basta con que esté en vigor el día que viajas. Marruecos exige que tenga una validez mínima de 6 meses desde la fecha de entrada al país. Si te caduca en tres meses, renuévalo ya.
Para los españoles (y la mayoría de ciudadanos de la UE), no hace falta visado para viajes de turismo de hasta 90 días.
Si me lees desde fuera de la Unión Europea, aunque las normas suelen ser parecidas, te recomiendo encarecidamente que consultes con la embajada o consulado de Marruecos en tu país. Las políticas fronterizas pueden cambiar y es mejor llevarlo todo atado.
Consejo de hormiga: asegúrate de que, al pasar el control, el agente selle tu pasaporte. A veces, además del sello, anotan un número a mano o con un tampón (es tu número de registro de entrada).
Moneda en Marruecos y dinero en Fez

Moneda en Marruecos
Para gestionar tu dinero en Marruecos, lo primero que tienes que saber es que su moneda oficial es el Dirham Marroquí (MAD). El cambio que yo aplico es de 10MAD = 1€ (si quieres ver a cuánto equivale realmente, puedes revisarlo cada día, pero verás una diferencia de unos pocos céntimos).
Si en otras ciudades de Marruecos puedes ir «tirando» de tarjeta en algunos sitios, en la Medina de Fez la realidad es que el efectivo es el único lenguaje que se habla. Es una ciudad que vive al margen de los datáfonos; desde el puesto de dátiles hasta la tienda de babuchas más escondida, absolutamente nadie acepta tarjeta.
La Medina de Fez es un ecosistema de pequeños artesanos y comerciantes tradicionales. Para ellos, el dinero digital no existe. Incluso en los restaurantes o en los talleres de cuero de las curtidurías, te verás en un aprieto si no llevas dirhams encima.
Consejo de hormiga: si quieres que tus euros cundan al máximo, la primera regla es no cambies dinero en el aeropuerto. En la medina verás pequeños locales donde cambian dinero, sino, justo a la salida de la famosa Puerta Azul (Bab Boujloud), que es la entrada principal y el corazón del movimiento, tienes cajeros automáticos (ATM) donde puedes sacar dinero directamente con tu tarjeta.
Incluso si te internas un poco más en las calles principales de la Medina, todavía podrás encontrar algún cajero operativo para no tener que salirte de la ruta.
¿Cuál es la mejor época para viajar a Fez?
Para mí, las mejores épocas son la primavera (marzo a mayo) y el otoño (septiembre a noviembre). En estos meses el clima es suave, los días son luminosos y puedes caminar durante horas sin agotarte. Además, en primavera los alrededores de la ciudad están sorprendentemente verdes, algo que rompe con la imagen de secarral que muchos tienen de Marruecos.
El invierno (diciembre a febrero) no es mala opción si te gusta ir sin aglomeraciones, pero ojo: en Fez hace un frío que pela. La mayoría de los Riads son casas antiguas diseñadas para mantener el frescor, no el calor, así que asegúrate de que tu alojamiento tenga buena calefacción o prepárate para dormir con tres mantas.
Además, los restaurantes y cafeterías no tienen calefacción, y no es nada agradable comer tiritando.
El verano (julio y agosto) es, sinceramente, la época que yo evitaría. El calor en el interior de Marruecos puede ser asfixiante y el olor en zonas como las curtidurías de la medina se vuelve mucho más intenso y difícil de aguantar.
Consejo de hormiga: si te falta algo de equipo para tu viaje, he dejado una selección con los imprescindibles (para viajar en avión o camper, con o sin mascota) en mi tienda de Amazon. Comprando desde ahí me ayudas a seguir creando estas guías sin que a ti te cueste más.
¿Cuántos días hay que dedicarle a Fez?
Para saborear la ciudad sin prisa pero sin pausa, mi recomendación es dedicarle tres días completos. Fez no es un destino de «llegar y marcar la lista de monumentos», sino un lugar que requiere tiempo para asimilar su ritmo, sus olores y su arquitectura.
Tres días te permiten dedicar una jornada entera a perderte (literalmente) por el corazón de la medina más grande del mundo, otra para explorar los alrededores de las murallas y las vistas panorámicas que te ayudan a entender la magnitud de la ciudad, y una tercera para disfrutar de la vida local, probar su gastronomía con calma o incluso hacer una excursión.
Es el tiempo justo para irte con la sensación de haber descifrado un poquito de su misterio sin acabar saturada por la intensidad de sus calles.
¿Cómo llegar a Fez?
La forma más rápida y cómoda es volar directamente al Aeropuerto de Fez-Saïss (FEZ). En 2026, hay muchísimas conexiones directas con ciudades españolas (Madrid, Barcelona, Málaga, Sevilla o Valencia).
Para llegar desde el aeropuerto hasta la Medina, puedes coger el autobús número 16, pero no te deja muy cerca de la Medina por lo que tendrás que coger un taxi.
Consejo de hormiga: si es tu primera vez en Fez y te alojas dentro de la Medina, pregunta en tu riad si ofrecen servicio de recogida. Aunque sea un poco más caro que un taxi normal, agradecerás infinitamente que alguien te espere en la puerta de la Medina para guiarte por el laberinto hasta tu hotel.
Encontrar un riad escondido en un callejón por tu cuenta con las maletas a cuestas el primer día puede ser una prueba de fuego para tu paciencia. Yo al menos lo hice así.
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Cómo moverse en Fez

Medina de Fez
La Medina de Fez es la zona peatonal más grande del mundo. Olvídate de coches, motos o bicis; aquí solo caben personas, algún que otro burro cargado de mercancías y muchos gatos. Caminar es la única forma de explorar sus más de 9.000 callejones.
Es un ejercicio físico intenso, con cuestas y escalones, así que lleva calzado cómodo y prepárate para ejercitar el sentido de la orientación.
Para moverte entre la zona nueva y las puertas de la Medina, los «petit taxi» son tus mejores aliados. Son coches pequeños de color rojo que solo circulan dentro de los límites de la ciudad. Son muy económicos, pero hay una regla de oro: pregunta siempre el precio del trayecto por persona. Ten en cuenta que pueden recoger a otros pasajeros si van en la misma dirección y que por la noche el precio tiene un pequeño recargo legal.
Para trayectos más largos, opta por el «grand taxi» (normalmente furgonetas blancas). Estos no tienen taxímetro y funcionan con precios fijos que deberás acordar antes de subir. Irás con otras 5 personas en el vehículo.
¿Qué pasa si viajas en pleno Ramadán?
Existe el miedo de que, si viajas durante el Ramadán, te vas a encontrar una ciudad fantasma y no vas a tener dónde comer. ¡Nada más lejos de la realidad! En la Medina de Fez, la actividad no para. La gran mayoría de los restaurantes y cafeterías de las zonas principales permanecen abiertos durante todo el día para atender a los visitantes.
Eso sí, notarás que los camareros y dueños, que están ayunando, tienen un ritmo más pausado por la mañana. Pero no te preocupes, podrás disfrutar de tu tajine o tu té a la menta sin problemas. Las tiendas de artesanía y cuero también abren, aunque quizás un par de horas más tarde de lo habitual.
Consejo de hormiga: si te sales de las calles principales y te metes en barrios puramente locales (como algunas zonas de Fes el-Jdid o callejones residenciales), ahí sí que verás las cafeterías y restaurantes de barrio cerrados a cal y canto hasta la hora de la cena.
Atención sanitaria en Marruecos
Si hay algo que he aprendido tras seis viajes a Marruecos es que la tranquilidad no tiene precio. Si necesitas asistencia médica, la diferencia entre tener un seguro y no tenerlo es la diferencia entre que todo sea un susto o que se convierta en una pesadilla logística y económica.
La sanidad privada en ciudades como Fez es de buena calidad, pero los costes son europeos (o superiores). Las clínicas suelen exigir el pago por adelantado o garantías bancarias antes de atenderte. Contratar una póliza específica te asegura que, ante cualquier imprevisto (desde una simple gastroenteritis por el cambio de agua hasta un traspiés en las calles de la Medina), tendrás a alguien al otro lado del teléfono en español que te dirá exactamente a qué hospital ir sin que tengas que sacar la cartera.
Además, el seguro no solo cubre salud. En un lugar como la Medina de Fez, donde el caos es parte del encanto, es fácil sufrir un pequeño robo (como en muchas ciudades del mundo), perder el equipaje o enfrentarse a retrasos en los vuelos. Tener cubiertos estos incidentes, junto con la repatriación en caso de extrema necesidad, es lo que te permite disfrutar del viaje con los cinco sentidos puestos en la experiencia y no en los «y si pasa algo».
Te aconsejo que viajes con IATI. Yo estoy asegurada con ellos, y viajo muy tranquila.
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Internet en Marruecos
Ojo porque este país no pertenece al espacio Schengen, así que te cobrarán un pastizal por el roaming.
Yo viajo con Holafly, que tiene tarjetas e-SIM. Con tan solo escanear el código QR, ya tendrás conexión. ¡Es súper cómodo!
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Dónde dormir en Fez
En plena Medina tienes una habitación doble deluxe con baño privado y desayuno incluido. El Riad tiene terraza, habitaciones libres de humo y wifi gratis. Las habitaciones son limpias, espaciosas y acogedoras. Está muy cerca de dos restaurantes con buena comida. Tiene una valoración media de 9,5 sobre 10, y la noche cuesta 34€ (con cancelación gratuita).
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Si buscas un Riad más económico en plena Medina, tienes una habitación doble con baño privado y desayuno incluido en un edificio histórico. El alojamiento tiene una terraza solárium, restaurante y WiFi gratis. Tiene una valoración media de 9,1 sobre 10, y la noche cuesta 22€.
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Qué ver en Fez y alrededores
Piérdete en la Medina

Callejones de la Medina de Fez
Si vas a Fez y no te pierdes, es que no has estado en Fez. La Medina de Fez el-Bali es un laberinto de más de 9.000 callejones donde Google Maps tira la toalla y las brújulas se vuelven locas. Pero ahí es donde reside su magia: en ese momento en el que dejas de intentar controlar hacia dónde vas y empiezas a disfrutar del caos.
Caminar por sus calles es como retroceder siglos de golpe; de repente te cruzas con un burro cargado de telas, te llega el olor intenso de las especias o el sonido de los artesanos golpeando el metal. Cada esquina es una sorpresa y cada callejón sin salida es una oportunidad para descubrir un patio escondido que no sale en ninguna guía.
Mi consejo es que te lances sin miedo. A pesar de lo que mucha gente cree, la medina es un lugar seguro y yo no le veo peligro real a sus callejuelas; la gente va a lo suyo y suele ser hospitalaria. Eso sí, como en cualquier lugar del mundo, el sentido común es clave: si ves que te estás metiendo por un callejón demasiado oscuro, solitario o que te genera mala espina, simplemente da media vuelta y vuelve a la calle principal.
No te preocupes por encontrar la salida a la primera; disfruta de los puestos de dátiles y déjate guiar por tus sentidos. Al final, las arterias principales siempre te acabarán llevando a alguna de las puertas de la muralla.
Consejo de hormiga: si te sientes muy desorientad@ y quieres salir del laberinto, fíjate en el flujo de la gente: si caminas cuesta arriba, normalmente te diriges hacia una de las salidas principales de la medina (como la Puerta Azul). Si alguna vez necesitas orientación, lo mejor es preguntar en una tienda o puesto de comida; ellos están trabajando y te indicarán el camino de forma desinteresada y amable.
Consejo de hormiga: no te agobies si alguna persona se ofrece a guiarte; un «no, shukran» (no, gracias) con una sonrisa suele ser suficiente, pero si realmente necesitas ayuda, pregunta mejor en una tienda o a una mujer para evitar malentendidos con las propinas.
Aunque la Medina de Fez parezca un caos imposible, tiene un orden lógico que gira en torno a sus dos calles principales. Ambas nacen muy cerca de la Puerta Azul (Bab Boujloud) y bajan en paralelo hacia la zona más profunda de la medina:
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Talaa Kebira: es la calle más ancha y larga. Está llena de puestos de comida, carnicerías, artesanos y es el eje comercial por excelencia. Si la sigues hasta el final, te llevará directita a la famosa Madrasa Al-Attarine y a la mezquita Al-Quaraouiyine.
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Talaa Sghira: como su nombre indica, es un poco más estrecha y algo más tranquila en algunos tramos, aunque sigue siendo una vía principal muy concurrida. Es perfecta para bajar con algo menos de agobio y descubrir tiendas de artesanía un poco más relajadas.
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Plaza Seffarine
Si hay un rincón en Fez que te atrapa por los oídos antes que por la vista, ese es la Plaza Seffarine. Es, sin duda, una de mis plazas favoritas porque aquí el tiempo parece haberse detenido hace siglos. Nada más acercarte, empiezas a escuchar un tintineo metálico rítmico y constante: es el sonido de los maestros caldereros golpeando el cobre y el latón. Es un espectáculo verlos trabajar a mano, sentados en sus pequeños talleres, dando forma a teteras, bandejas y enormes ollas que brillan bajo el sol.
La plaza tiene un encanto especial no solo por los artesanos, sino por lo que la rodea. En un mismo espacio conviven el trabajo más rudo del metal con la elegancia de la entrada a la famosa Biblioteca Al-Quaraouiyine. Es el lugar perfecto para quedarte un rato apoyad@ en una pared simplemente observando el trasiego de gente, los burros cargados y el humo que sale de los talleres. Es la esencia pura de Fez: auténtica, ruidosa y llena de vida.
Compra un baklawa

Compra un baklawa
No te vayas de la plaza sin buscar al señor que suele estar allí con un carro de madera rebosante de baklawas. Es el contraste perfecto al ambiente industrial de la zona. Yo misma caí en la tentación y me compré uno por 15 dirhams (apenas 1,50€). Es un auténtico lujo poder saborear ese hojaldre lleno de miel y frutos secos mientras ves el espectáculo de los caldereros a pleno rendimiento.
Visita un hammam
Aunque en este viaje no he tenido el momento de escaparme a uno, no puedo hablarte de Fez sin mencionar el ritual del hammam. Es la experiencia de desconexión por excelencia en Marruecos. No te imagines un spa moderno con música chill-out; el hammam tradicional es un baño de vapor donde el calor, el jabón negro (hecho con aceitunas) y una exfoliación profunda con el guante kessa te dejan la piel como nueva.
En Fez tienes dos opciones muy diferentes. Por un lado, están los hammams populares, donde van los locales (separados por sexos o por horarios) y donde tú mism@ llevas tu cubo y tu jabón; es una experiencia auténtica y muy barata, pero requiere ir sin pudor. Por otro lado, están los hammams de los Riads o spas privados, mucho más enfocados al relax, con masajes de aceite de argán y un ambiente más íntimo.
Aunque esta vez yo lo haya dejado pasar, es el plan perfecto para el último día, cuando tus piernas piden una tregua después de tanto callejón.
Madrasa Al Attarine

Madrasa Al Attarine
Si solo tienes tiempo para visitar un edificio histórico dentro de la Medina, que sea la Madrasa Al-Attarine. Esta antigua escuela coránica, construida en el siglo XIV, es una auténtica obra maestra de la arquitectura meriní. Lo que más impresiona es cómo consiguieron concentrar tanta belleza en un espacio relativamente pequeño: desde los intrincados mosaicos (zellige) en las paredes hasta los techos de madera de cedro tallada y los detalles en mármol.
La entrada me costó apenas 20 dirhams (unos 2 €), un precio simbólico para la joya que vas a ver. El patio central es un remanso de paz en medio del bullicio de la Medina, y la luz que entra por el techo crea un ambiente mágico para los que amamos la fotografía. Es el lugar ideal para entender por qué Fez ha sido, durante siglos, el centro espiritual e intelectual de Marruecos.
Consejos de hormiga: intenta ir a primera hora de la mañana, justo cuando abren, para disfrutar del patio casi en solitario antes de que lleguen los grupos. No te quedes solo en el patio central; sube a las plantas superiores si están abiertas para asomarte a las antiguas celdas donde vivían los estudiantes. Desde algunas de sus ventanas puedes tener unas vistas únicas de los tejados verdes de la mezquita Al-Quaraouiyine, que está justo al lado.
Mezquita y Universidad de Kairaouine
Si Fez es el cerebro de Marruecos, la Universidad Al-Quaraouiyine es su alma. Es impresionante pensar que mientras en Europa estábamos en plena Edad Media, aquí ya se debatía sobre astronomía, matemáticas y teología. Aunque es una de las instituciones más importantes del mundo islámico, tiene una particularidad que debes conocer: la entrada está prohibida para los no musulmanes.
Pero que esto no te desanime, porque la visita vale muchísimo la pena. El truco está en rodear el edificio y asomarse por sus grandes puertas abiertas. Desde el umbral podrás ver su espectacular patio de mármol, las fuentes de los deseos y los tejados de tejas verdes que son el símbolo de la ciudad. Es un lugar que desprende una paz increíble, incluso con el caos de la medina rugiendo justo en la calle de al lado. Es el ejemplo perfecto de esa arquitectura que guarda sus mayores tesoros en el interior, lejos de las miradas indiscretas.
Consejo de hormiga: como no puedes entrar, la mejor forma de apreciar la magnitud de este complejo es desde arriba. Busca alguna de las terrazas cercanas de los cafés o incluso asómate desde las ventanas de la Madrasa Al-Attarine. Ver ese mar de tejados verdes contrastando con el color arena de la medina es una de las fotos más icónicas que te llevarás de Fez. Fíjate en los detalles de las puertas desde fuera; el trabajo de madera y bronce es de otro planeta.
Haz compras

Tiendecitas en Fez
Si tienes pensado dejar espacio en la maleta, Fez es el lugar donde vas a llenarlo. La ciudad es famosa por su artesanía en cuero (gracias a sus famosas curtidurías), así que las babuchas, bolsos y chaquetas son de una calidad increíble. Pero no te quedes solo ahí: el «azul de Fez» es mundialmente conocido. Encontrarás platos, cuencos y piezas de zellige hechas a mano que son auténticas obras de arte.
Como ya habrás visto en la Plaza Seffarine, el trabajo en cobre y latón es espectacular. Desde bandejas para el té hasta lámparas que crean sombras mágicas.
Consejo de hormiga: le regateo en Fez es casi una ceremonia. No lo veas como una pelea, sino como un juego social. Nunca aceptes el primer precio (que suele ser el doble o el triple de lo que esperan sacar) y nunca digas un precio que no estés dispuest@ a pagar. Si entras a una tienda, te ofrecen un té y empiezas a negociar, se considera un poco descortés irse sin comprar nada si el vendedor ha aceptado tu oferta final. Ve con paciencia y siempre con una sonrisa.
Curtiduría Chouara
No puedes decir que has estado en Fez si no has visto (y olido) la Curtiduría Chouara. Es la más importante de la ciudad y sigue funcionando exactamente igual que en el siglo XI. Desde las terrazas de las tiendas de cuero que la rodean, puedes ver a los trabajadores sumergidos hasta la cintura en grandes pozas de piedra llenas de tintes naturales: azafrán para el amarillo, índigo para el azul, o amapola para el rojo.
Es un espectáculo visual increíble, pero también duro. El proceso es totalmente manual y se utilizan sustancias como excrementos de paloma para suavizar las pieles, lo que genera ese olor tan penetrante y famoso. Ver cómo secan las pieles en las colinas de alrededor y cómo los artesanos trabajan bajo el sol es una de las imágenes más potentes que te llevarás de Marruecos.
Consejo de hormiga: el olor es muy fuerte, sobre todo si hace calor. En cuanto entres en una de las tiendas para subir a la terraza, te darán una rama de menta fresca. No es un regalo de bienvenida: es tu «máscara de gas» natural. Mantén la menta pegada a la nariz mientras observas las pozas y verás cómo la experiencia cambia por completo. No te sientas obligad@ a comprar nada en la tienda de la terraza; aunque te darán el tour y la menta esperando una venta, con dar una pequeña propina (unos 10 o 20 dirhams) al salir es suficiente si no quieres llevarte una chaqueta de cuero.
Al llegar a las inmediaciones de Chouara, te asaltarán decenas de personas invitándote a subir a su tienda. Pero no te lances a la primera. Para tener la visión perfecta de las cubetas de tinte, hay dos puntos estratégicos: una de las terrazas laterales y, sobre todo, la que está situada en el extremo izquierdo.
Desde estas posiciones, la perspectiva es mucho más limpia y se aprecia mejor la magnitud de la curtiduría. Verás las filas interminables de pozas de colores y el movimiento de los trabajadores desde un ángulo que permite captar toda la profundidad del lugar. Si tienes suerte de estar en la terraza del extremo izquierdo, tendrás el sol a tu favor en muchos momentos del día para que los colores de las pieles brillen de verdad.
Consejo de hormiga: si el primer balcón al que subes no te convence, baja y prueba otro (yo lo hice así). Los vendedores son insistentes, pero tú tienes el control. Una buena propina al final compensará el tiempo que pases allí buscando el encuadre perfecto. Es la foto más icónica de Fez y merece la pena elegir bien el sitio.
Visita la Puerta Azul

Puerta Azul
No puedes decir que has estado en Fez si no tienes una foto en Bab Boujloud, conocida por todos como la Puerta Azul. Construida en 1913, es la entrada principal a la Medina de Fez el-Bali y el punto de encuentro por excelencia. Lo que más me gusta es su detalle cromático: el lado que da al exterior es de un azul intenso (el color de la ciudad de Fez), mientras que si te das la vuelta una vez cruzada, verás que el interior es verde (el color del Islam).
Cruzarla es una experiencia sensorial brutal. Pasas del tráfico y el ruido de la ciudad moderna al bullicio de los puestos de comida, el olor a especias y el ajetreo de los artesanos. Además, la zona que rodea la puerta está llena de cafeterías y restaurantes con terrazas que tienen unas vistas espectaculares.
Es el lugar perfecto para sentarte a ver cómo late el corazón de la ciudad mientras la gente entra y sale del laberinto. Las terrazas de esta puerta son algo más caras, pero vale la pena pagarlo; yo por ejemplo me tomé un té a la menta que me costó 2,5€ (normalmente cuesta 1,5€ en cualquier cafetería de la Medina).
Consejo de hormiga: no te conformes con verla solo de día. Para mí, Bab Boujloud es muchísimo más bonita de noche. Cuando se encienden las luces, el azul de los azulejos brilla de una forma especial y la atmósfera se vuelve mucho más mágica y tranquila que con el caos de la mañana.
Zoco de henna
Si buscas un respiro en medio del laberinto, el Zoco de la Henna es tu sitio. Se trata de una pequeña plaza rodeada de árboles centenarios que le dan una frescura envidiable incluso en los días de calor. Este zoco es uno de los más antiguos de la ciudad y, como su nombre indica, es el lugar tradicional donde se venden productos cosméticos naturales: desde la propia henna (para el pelo o los tatuajes) hasta el famoso jabón negro, ghassoul para la piel o el kohl para los ojos.
Parque Jnane Sbil

Parque Jnane Sbil
Situado estratégicamente entre la Medina (Fez el-Bali) y la zona nueva (la Ville Nouvelle), el Parque Jnane Sbil es el jardín público más antiguo y bello de Fez. Después de horas de caminar por pasillos estrechos, entrar aquí es como un soplo de aire fresco. Sus amplias avenidas rodeadas de palmeras, sus fuentes, su lago central y su jardín de cactus te hacen olvidar por un momento que estás en una de las ciudades más caóticas del mundo.
Tumbas de los Meriníes
Si buscas la foto perfecta de Fez o simplemente un momento de paz, tienes que subir a las Tumbas de los Meriníes. Estas ruinas del siglo XIV, situadas en lo alto de una colina, ofrecen una panorámica espectacular de toda la medina. Desde aquí arriba, el laberinto de calles que te ha tenido atrapad@ todo el día se convierte en un mar infinito de casas color arena y minaretes que se extiende hasta donde alcanza la vista.
Ver el atardecer desde este punto es algo mágico. A medida que el sol baja, el cielo se tiñe de tonos rosados y naranjas, y las murallas de la ciudad empiezan a brillar con una luz especial. Pero lo mejor llega con la última llamada a la oración: escuchar el eco de los cientos de almuédanos subiendo desde el corazón de la medina es una experiencia que te pone los pelos de punta. Es el lugar ideal para entender la magnitud de esta ciudad histórica.
Consejo de hormiga: no te pegues la paliza subiendo andando; un «petit taxi» desde la zona de Bab Boujloud te dejará arriba por muy pocos dirhams en 5 minutos. Para mí, el momento clave es justo cuando el sol se esconde pero todavía hay luz; las vistas son preciosas, pero ten en cuenta que cuando oscurece del todo la zona se queda muy solitaria. Si puedes, dile al taxista que te espere o baja en cuanto veas que el resto de turistas empiezan a retirarse para no quedarte allí a oscuras.
Palacio Real de Fez

Palacio Real de Fez
Aunque el interior del Palacio Real de Fez está cerrado al público (es una de las residencias oficiales del Rey de Marruecos), acercarse hasta su explanada es una parada obligatoria. Lo que realmente atrae a todo el mundo son sus siete puertas de bronce dorado. Son una auténtica obra maestra del arte morisco, con un nivel de detalle en los grabados y los azulejos (zellige) que te dejará hipnotizad@.
Las siete puertas representan los siete días de la semana y los siete niveles de la monarquía. Ver cómo brilla el dorado bajo el sol de Fez es un espectáculo, y es probablemente el sitio más «instagrameable» de la ciudad fuera de la Medina. Además, el ambiente en la Plaza de los Alauitas, justo enfrente, siempre tiene mucho movimiento y es un buen lugar para empezar a explorar el cercano barrio de la Mellah.
Consejo de hormiga: si quieres hacerte la mítica foto en las puertas sin una multitud de gente alrededor, intenta ir temprano por la mañana o a la hora de comer. ¡Cuidado con los militares! Verás que hay mucha vigilancia alrededor del palacio; no hay problema por fotografiar las puertas, pero evita enfocar directamente a las garitas o a los guardias, ya que son muy estrictos con la seguridad de las residencias reales.
Sinagoga Ibn Danan
Situada en el corazón del barrio judío, la Sinagoga Ibn Danan es una de las más antiguas y mejor conservadas de todo el norte de África. Al entrar, lo primero que te sorprende es que no es un edificio ostentoso, sino un espacio íntimo y lleno de historia. Sus paredes blancas, los detalles en madera tallada y los azulejos de colores crean una atmósfera muy especial. Es un lugar que te permite conocer una cara diferente de la ciudad, recordándote que Fez fue durante siglos un lugar de convivencia entre diferentes religiones.
No suele estar muy masificada, lo que permite disfrutar de los detalles con calma. Puedes bajar a la zona del baño ritual (mikve) o subir a la terraza para ver las vistas sobre el cementerio judío que está justo al lado. Es una visita rápida pero muy necesaria para completar el puzle histórico de la ciudad y salir un poco de los circuitos más típicos de la medina musulmana.
La entrada cuesta 25 dirhams.
Barrio El Mellah

Barrio El Mellah
Si en la Medina todo son muros ciegos y patios interiores, en el Mellah las casas se abren a la calle. Lo primero que te llamará la atención son sus balcones de madera y hierro forjado que asoman a las fachadas, algo muy poco común en la arquitectura musulmana tradicional. Pasear por sus calles, como la calle principal de la Mellah, es una experiencia fascinante: verás tiendas de antigüedades, joyeros (Fez es famosa por su oro) y un ambiente vibrante.
Es un barrio con una identidad propia muy marcada. Además de sus sinagogas, como la de Ibn Danan, lo que hace especial a esta zona es el contraste. Mientras caminas, te das cuenta de cómo convivieron las culturas. Es el lugar perfecto para perderse después de visitar el Palacio Real, ya que están pegados, y sentir esa mezcla de historia, nostalgia y vida cotidiana que se respira en cada esquina.
Alójate en un Riad
Si vas a Fez y no te alojas en un Riad, te estás perdiendo la mitad de la experiencia. Un Riad es una casa tradicional marroquí diseñada hacia el interior, con un patio central (normalmente con una fuente o jardín) alrededor del cual se distribuyen las habitaciones. Lo que por fuera parece una pared de barro anónima en un callejón estrecho, al cruzar la puerta se convierte en un oasis de calma, azulejos de colores y techos de madera tallada.
Dormir en uno es sentirte parte de la historia. El silencio que se respira dentro, en contraste con el ruido de los burros y los mercaderes que hay justo al otro lado del muro, es casi mágico. Además, la atención suele ser mucho más personalizada que en un hotel; desayunar en el patio o cenar en la terraza mientras escuchas la llamada a la oración es, sin duda, uno de los mejores momentos de cualquier viaje a Marruecos.
Consejo de hormiga: en el apartado «dónde dormir» te he dejado dos opciones de Riad.
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Colour Street

Colour Street
Si buscas ese rincón lleno de luz que rompe con la sobriedad de las paredes de adobe, tienes que encontrar la «Colour Street». Lo mejor de esta calle es su ubicación estratégica: se encuentra en uno de los callejones que conectan las dos arterias principales de la Medina, Talaa Kebira y Talaa Seghira. Es el nexo de unión perfecto y un respiro visual entre el bullicio de ambas avenidas.
Es un callejón estrecho y vibrante donde las paredes se han pintado de colores intensos y se han llenado de macetas colgantes. Aunque es un sitio pequeño, la energía que desprende es distinta al resto de la Medina; es un proyecto vecinal que demuestra el orgullo de los locales por embellecer su entorno. Prepárate para sacar la cámara.
Mausoleo Moulay Idriss II
En el centro del bullicio de la Medina se encuentra un remanso de espiritualidad: el Mausoleo de Moulay Idriss II. Es el lugar más sagrado de Fez y se nota en la atmósfera de respeto que lo rodea. Al igual que ocurre con la Mezquita Al-Quaraouiyine, la entrada al interior está estrictamente reservada a los musulmanes, pero eso no significa que no debas acercarte.
No te frustres si lo encuentras con las puertas cerradas; para mí, sigue siendo uno de los rincones más bonitos de la ciudad. Fíjate en el trabajo de la madera tallada y el cobre de sus puertas monumentales. Es el momento perfecto para apreciar los detalles de los azulejos y la caligrafía árabe sin las multitudes que suelen entrar y salir.
Madrassa El Bouanania

Madrassa El Bouanania
Construida a mediados del siglo XIV, no solo funcionaba como escuela coránica, sino también como mezquita aljama. Al cruzar su puerta, el ruido de la calle Talaa Kebira desaparece y te encuentras en un patio que es pura filigrana: suelos de mármol, paredes de estuco tallado a mano y techos de madera de cedro que parecen encaje.
Lo que hace única a esta madraza, además de su minarete (que puedes ver asomar desde la Puerta Azul), es el nivel de conservación de sus azulejos (zellige). Es el lugar perfecto para entender por qué los artesanos de Fez tienen fama mundial. Cada rincón está pensado para elevar el espíritu, y la luz que entra en el patio a distintas horas del día crea sombras que parecen dibujos mágicos sobre el suelo.
Consejo de hormiga: la entrada cuesta unos 20 dirhams y es dinero muy bien invertido. Palabra de hormiga: No tengas prisa. Siéntate un momento en el patio y fíjate en el contraste entre el frío del mármol y la calidez de la madera tallada del piso superior. Justo enfrente de la entrada, en la calle, verás los restos del Reloj de Agua (Dar al-Magana), una maravilla de la ingeniería medieval que todavía hoy es un misterio cómo funcionaba exactamente.
Toma un rico té a la menta en alguna terraza
Después de horas recorriendo zocos, tu cuerpo te pedirá un descanso, y no hay ritual más sagrado en Marruecos que el del té a la menta. En Fez, esto se eleva a otro nivel gracias a las increíbles terrazas que se esconden tras fachadas modestas. Beber un té caliente, dulce y con mucha hierbabuena fresca mientras escuchas la llamada a la oración cruzando los tejados de la medina es una de esas experiencias que se te quedan grabadas para siempre.
Consejo de hormiga: a diferencia de años atrás, en el que el té llevaba una cantidad ingente de azúcar, hoy en día te preguntan si quieres azúcar en el té; te lo pueden poner por separado.
Fíjate en cómo sirven el té. Lo echan desde muy alto para que se cree una capa de espuma en el vaso; dicen que esa espuma sirve para limpiar el polvo que pueda tener el té y, además, oxigena la bebida.
Mezquita Boujloud

Mezquita Boujloud
Situada justo al traspasar la icónica Bab Boujloud, la mezquita que lleva el mismo nombre es uno de los primeros edificios religiosos que te encuentras en Fez el-Bali. Fue construida originalmente en el siglo XII, durante el periodo almohade, y aunque es más pequeña y sobria que la gran Al-Quaraouiyine, su ubicación la convierte en un punto de referencia vital para los habitantes del barrio.
Lo que más destaca desde fuera es su minarete, que se eleva sobre las casas colindantes y se convierte en el protagonista de muchas de las fotos que hagas desde la plaza exterior. Al ser una mezquita en uso, el acceso al interior está reservado a los musulmanes, pero la actividad constante a sus puertas, con los fieles entrando y saliendo, le da a esta zona de la ciudad una vida y una autenticidad increíbles.
Bab Chorfa y Plaza Boujloud
Si quieres ver la vida pasar en Fez, tienes que dedicarle tiempo a la Plaza Boujloud (también llamada Place Baghdadi). Está presidida por la imponente Bab Chorfa, una puerta del siglo XI con dos torres macizas que vigilan la entrada a la Kasbah de los Filala. Esta plaza no es solo un lugar de paso, es un escenario vivo que cambia radicalmente según la posición del sol.
Por la mañana, la plaza respira una paz casi poética. Es el momento de las escenas cotidianas que se quedan grabadas: mujeres descansando mirando hacia la puerta, los primeros rayos de sol iluminando el adobe y una calma que te permite apreciar la escala monumental de las murallas. Sin embargo, al caer la tarde, el lugar se transforma por completo. Se convierte en un mercado espontáneo y frenético lleno de puestos en el suelo con zapatillas, ropa y objetos de todo tipo.
El aire se llena del rugido de las motos esquivando a la gente y del murmullo constante de las negociaciones. Es el caos en su estado más puro y fascinante.
Mezquita Fes el – Jdid

Mezquita Fes el – Jdid
Si la Mezquita Al-Quaraouiyine es el alma de la antigua Medina, la Gran Mezquita de Fes el-Jdid es el orgullo de la ciudad fundada por la dinastía meriní en 1276. Se encuentra al principio de la calle principal de Fes el-Jdid y su silueta domina todo el barrio. Es un edificio que impresiona por su escala y por cómo se integra en la vida diaria de esta zona de la ciudad, mucho más espaciosa que los callejones de Fez el-Bali.
Aunque el acceso al interior está reservado a los musulmanes, merece la pena detenerse ante su entrada principal. Su minarete, decorado con los característicos azulejos verdes de Fez, es uno de los más hermosos de la zona. Es el punto de referencia perfecto para empezar a explorar los mercados de Fes el-Jdid, que tienen un aire mucho más local y menos turístico, antes de cruzar hacia el Palacio Real.
Pasea por el barrio de la Mezquita Fes el – Jdid
Si quieres escapar por un rato del circuito turístico y ver cómo es realmente la vida cotidiana en Fez, tienes que perderte por las calles que rodean la Mezquita de Fes el-Jdid. Este barrio es, posiblemente, el rincón más auténtico de la ciudad. Aquí no hay buscavidas ofreciéndote guías, sino vecinos haciendo su vida. Es un lugar donde el tiempo parece llevar otro ritmo, mucho más tranquilo y pausado.
Caminar por aquí es un regalo para los sentidos: verás tiendas minúsculas donde se vende de todo, desde legumbres a granel hasta hilos de colores; te cruzarás con señoras haciendo la compra del día con total parsimonia y verás a los niños correteando de vuelta a casa tras el colegio con sus mochilas a cuestas. Es un barrio que no intenta impresionarte, y precisamente por eso te conquista. Aquí la hospitalidad se siente en las miradas curiosas y en la ausencia de prisas.
Observa a la gente trabajar

Confeccionando la chilaba
Uno de los mayores tesoros de pasear por los barrios menos turísticos de Fes el-Jdid es la oportunidad de observar a los maestros artesanos trabajando a pie de calle. No son espectáculos montados para el visitante, es su oficio diario. Tuve la suerte de pararme a ver cómo se confeccionan las chilabas totalmente a mano, y es un proceso que te deja hipnotiza@.
Utilizan una pequeña y curiosa máquina con cadenas que va separando y trenzando los hilos con una precisión milimétrica. Al hablar con ellos, te das cuenta del valor real de lo que hacen: pueden tardar hasta dos semanas en terminar una sola chilaba. Ver esa dedicación, hilo a hilo, te hace entender por qué la artesanía de Fez es única en el mundo. Es la antítesis de las prisas modernas; aquí el tiempo se mide en puntadas y en la calidad de un trabajo bien hecho.
Consejo de hormiga: si te quedas un rato mirando, lo más amable es saludar con un «Salam» y pedir permiso con un gesto antes de hacer una foto. A menudo, si ven que tienes un interés real por su técnica y no solo por el «click» rápido, alguien te explicará con orgullo algún detalle del proceso.
Sinagoga Slat Al Fassiyine
A solo unos pasos de la de Ibn Danan, se encuentra la Sinagoga Slat Al Fassiyine. Es una de las más antiguas de la Mellah (data del siglo XVII) y tiene una importancia histórica enorme, ya que fue el centro espiritual de los judíos que llegaron a Fez desde otras partes de Marruecos. Tras años de abandono, fue restaurada y reinaugurada en 2013, convirtiéndose en un símbolo de la preservación de la herencia judía en la ciudad.
Su interior es luminoso y está decorado con una elegancia sencilla. Lo que más impresiona es la armonía del espacio y cómo se ha logrado recuperar cada detalle, desde las lámparas hasta las inscripciones. Es el lugar perfecto para terminar tu recorrido por el barrio judío, ofreciendo una visión de esperanza y recuperación del patrimonio histórico.
El precio de la entrada es de 25 dirhams.
Cementerio judío de Fez
Situado en pleno corazón del barrio judío, el Cementerio judío de Fez es un lugar que te deja sin palabras. Es una extensión inmensa de tumbas blancas con formas redondeadas que parecen olas de piedra. Es, sin duda, uno de los testimonios más importantes de la historia de Marruecos y de la importancia que tuvo la comunidad judía en Fez durante siglos.
Lo que lo hace especial es el silencio que se respira nada más entrar. Estás a pocos metros del bullicio de los joyeros y los mercados, pero aquí dentro el tiempo se detiene. Es un lugar de un blanco deslumbrante que, bajo el sol de Marruecos, crea un contraste precioso con el azul del cielo y el tono tierra de los edificios que lo rodean.
Mirador de la Medina

Mirador de la Medina
Si quieres entender la magnitud de la Medina más grande del mundo, tienes que subir al Viewpoint Medina, situado en la colina de las Tumbas Meriníes. Desde aquí, Fez se despliega ante ti como un mar infinito de tejados, minaretes y satélites. Es el lugar donde la ciudad deja de ser un laberinto para convertirse en un paisaje sobrecogedor, especialmente cuando la luz del atardecer tiñe de dorado las ruinas de los antiguos mausoleos.
Lo que hace que este mirador sea único no es solo la vista de la ciudad, sino el inmenso cementerio de tumbas blancas que cae en cascada por la falda del monte. Es una imagen de una belleza melancólica que te deja sin palabras. Es el punto de encuentro preferido de los locales para ver la puesta de sol, y el ambiente que se respira allí arriba, con el sonido de la llamada a la oración subiendo desde el valle, es pura magia.
Disfruta del ambiente de las tardes en la Medina
Si visitas Fez durante el mes sagrado del Ramadán, prepárate para vivir dos ciudades distintas en un mismo día. Por la mañana, la medina bosteza; el ambiente es tranquilo, casi somnoliento, y muchos puestos tardan en abrir. Pero a medida que avanza la tarde, la energía se transforma. Las calles se llenan de un bullicio eléctrico: es el momento en que todo el mundo sale a comprar los dátiles frescos, la chebakia (dulces de miel) y el pan recién hecho para la cena.
Pasear por la Medina a esas horas es sumergirse en una marea humana. Hay una mezcla de urgencia y alegría en el aire; las motos esquivan a la gente con más brío que nunca y los olores de la comida preparándose inundan cada callejón. Es un caos fascinante que alcanza su clímax pocos minutos antes del atardecer, cuando de repente, con la llamada a la oración, la ciudad se queda en un silencio absoluto. Es un contraste brutal.
Consejo de hormiga: aprovecha las mañanas para visitar los monumentos (como las Madrazas o el Palacio Real) con menos gente, y deja las tardes para simplemente dejarte llevar por el flujo de la multitud.
Haz una excursión a Meknes o Mequinez

Meknes o Mequinez
Si tienes un día extra, Mequinez es una parada imprescindible. En los Riads es muy común que te ofrezcan tours organizados por unos 35€ por persona, pero si prefieres la aventura y ahorrar bastante dinero, puedes hacerlo por tu cuenta muy fácilmente. Mequinez es famosa por la imponente puerta Bab Mansour y la vibrante Plaza Al-Hadim, una versión más recogida y familiar de la Jemaa el-Fna de Marrakech.
El trayecto es sencillo y te permite vivir de cerca el día a día marroquí. Una vez allí, la medina de Mequinez se siente mucho más manejable y menos agobiante que la de Fez, ideal para pasear con calma por su zoco y visitar el Mausoleo de Mulay Ismaíl. Es una ciudad que sorprende por su elegancia y su historia, además de ser más tranquila que Fez.
Consejo de hormiga: si no quieres ir con un tour, ve directamente a la estación de autobuses (o la parada de taxis cercana) en Fez y busca los Grand Taxi (los coches grandes compartidos). El trayecto te costará solo 3€ por persona (pregunta siempre el precio antes) y es súper rápido. Una vez llegues a la estación de taxis de Mequinez, no hace falta que camines; coge otro taxi colectivo local por solo 0,50€ y en un periquete estarás en la misma puerta de la Medina. Para volver, simplemente haz el proceso inverso. Es seguro, baratísimo y te sientes una auténtica hormiga viajera moviéndote por el país.
Los Grand Taxi no tienen horarios fijos; salen cuando se llenan.
Volubilis
Si decides hacer la excursión a Mequinez y te sobran unas horas, a unos 30 kilómetros se encuentran las ruinas de Volubilis. Es el yacimiento romano mejor conservado del norte de África y Patrimonio de la Humanidad. Yo, en esta ocasión, decidí saltármelo para exprimir al máximo las ciudades, pero si eres fan de la historia antigua, dicen que sus mosaicos in situ y sus arcos recortados contra el cielo son una maravilla.
Consejo de hormiga: si quieres hacer un tour a Meknes, Volubilis y Mulay Idrís, te propongo esta excursión donde te llevarán en minibús e irás con un conductor que habla español.
Chefchaouen

Chefchaouen
Si Fez es el color tierra y el bullicio, Chefchaouen es la calma y el azul infinito. Esta pequeña ciudad colgada de las montañas del Rif es famosa en todo el mundo por sus fachadas lavadas en cal azul. Pasear por su medina es mucho más sencillo y relajado que en Fez; aquí no te perderás (o si lo haces, no importa) y cada rincón, cada escalera y cada puerta es una foto de postal.
Consejo de hormiga: si tienes pensado ir a Chefchaouen, ya sabes que en el blog encontrarás una guía completa (te he dejado el enlace al principio de este post).
Qué comer en Fez
Comer en Fez es un viaje dentro del viaje. Olvídate de las dietas y déjate llevar por los aromas de comino, canela y azafrán que inundan las calles. Aquí la comida se hace con tiempo y mucho cariño.
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Pastilla (o Pastela): es el plato estrella de Fez y mi plato marroquí favorito. Es un hojaldre finísimo relleno tradicionalmente de paloma (aunque ahora lo hacen de pollo), almendras, huevo y especias. Lo que la hace única es el toque final de canela y azúcar glass por encima. Ese contraste dulce-salado es pura magia.
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Couscous: el plato de los viernes por excelencia. El grano de sémola se cocina al vapor durante horas hasta que queda esponjoso. Lo encontrarás de verduras o con carne tierna de cordero o ternera. No te vayas sin probarlo.
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Tajine: hay infinitas variedades; la carne se deshace sola gracias a la cocción lenta en el recipiente de barro.
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Zaalouk: una ensalada templada de berenjena y tomate con mucho ajo y especias. Es el acompañamiento perfecto para empezar cualquier comida.
Dónde comer en Fez

Degustando un rico couscous
Le Tarbouche
Se convirtió en mi «casa» durante las cuatro noches que estuve en Fez. Es un local pequeño, con pocas mesas y una decoración con mucho gusto, pero lo que realmente importa es su cocina: casera, auténtica y deliciosa. La pastilla y los tajines son obligatorios. Al ser pequeñito, te recomiendo no llegar muy tarde porque se llena en un abrir y cerrar de ojos.
Café Shop Alaoui
Está situado muy cerca del Palacio Real (Fes el-Jdid), en una zona algo más despejada. Es el sitio perfecto para desconectar del caos de la medina. La decoración es preciosa y el ambiente es de una paz increíble. Eso sí, ten en cuenta que la comida es 100% casera y tarda unos 20 minutos en llegar, pero la espera merece totalmente la pena.
Chez Said
Si buscas la mejor relación calidad-precio en plena acción, este es el sitio. Está en la arteria principal de la Medina (Talaa Sghira) y tiene unos menús cerrados por unos 7 euros que son imbatibles: incluyen primero, plato principal, postre y té a la menta. Es el lugar ideal para comer viendo el ir y venir de la gente en el corazón de Fez.






