Qué ver en el PN Seoraksan y en Sokcho: 14 imprescindibles

Seoraksan y Sokcho

Hay lugares que te exigen las piernas y otros que te conquistan por el estómago. En mi paso por el noreste de Corea, me he encontrado con la combinación perfecta de ambos: el Parque Nacional Seoraksan y la vida auténtica de Sokcho.

Seoraksan no es solo un Parque Nacional; es una pared de granito que impone respeto desde que pones un pie en la entrada. Es ese contraste constante de colores: el gris de las rocas afiladas, el verde que empieza a estallar en abril y ese techo infinito de farolillos de colores que ahora mismo lo inunda todo. Hay una energía especial en caminar entre miles de deseos escritos en tarjetas blancas, mientras te diriges hacia picos que parecen sacados de una pintura tradicional coreana. Es una subida física, de esas que te dejan sin aliento, pero que te devuelven la vida con unas vistas que llegan hasta el mar.

Y precisamente ahí es donde termina la jornada: en Sokcho. Si la montaña es el esfuerzo, el Puerto de Daepo es la recompensa. No hay nada como el ambiente de este puerto al caer la tarde, con el olor a salitre mezclándose con el de las planchas de los puestos callejeros. El plan aquí es sencillo pero imbatible: perderse entre el bullicio, buscar un buen calamar relleno de arroz y disfrutarlo allí mismo, viendo cómo los barcos descansan mientras tú recuperas fuerzas.

A continuación te voy a contar qué puedes ver y hacer, además de consejos.

Si piensas viajar a Corea del Sur, aquí te dejo una guía completa con dos itinerarios: uno de dos semanas y otro de tres semanas. 

 

Todos los enlaces que llevan a terceros son afiliados. Algunos tienen descuento para que puedas aprovecharlos, y otros no te suponen ningún gasto extra, pero a mí me dan una pequeña comisión para que pueda seguir dedicando horas en escribir posts como este, y te ayude a organizar tu próximo viaje de manera gratuita.

Consejos prácticos para viajar al Parque Nacional Seoraksan y a Sokcho

Documentación para entrar en Corea del Sur

Si tienes pasaporte español o de algún país de la Unión Europea, estás de suerte, porque entrar como turista es bastante sencillo y apenas requiere burocracia. Lo primero y más importante es que tu pasaporte esté en vigor y tenga una validez mínima de 6 meses desde el momento en que pongas un pie en el país. Además, asegúrate de que te queda, al menos, una página en blanco para los sellos de entrada y salida.

En cuanto al visado, los ciudadanos españoles no necesitan visado para estancias de turismo de hasta 90 días, lo que te da un margen enorme para recorrer el país de punta a punta. Seguramente habrás oído hablar de la K-ETA (la Autorización Electrónica de Viaje), pero a día de hoy existe una exención temporal hasta finales de diciembre de 2026 para 67 países, entre los que se incluye España. Lo que hice fue sacar el «earrival card» que me ahorró tener que rellenar a mano la tarjeta de llegada física que te entregan en el avión o al aterrizar. Te dejo aquí la web para hacerlo.

Consejo de hormiga: en temas de fronteras, la última palabra siempre la tiene el boletín oficial. Comprueba siempre los requisitos oficiales justo antes de ir, ya que las exenciones y normativas pueden cambiar de la noche a la mañana. Una visita rápida a la web de la Embajada de Corea o a la página oficial de K-ETA una semana antes de volar te dará la tranquilidad total. Aunque no sea obligatoria, lleva siempre una copia de tu billete de salida del país, a veces lo piden para demostrar que no te vas a quedar a vivir allí (aunque con lo bien que se come, dan ganas).

 

Dinero en Corea del Sur

Dinero en Corea del Sur

Dinero en Corea del Sur

La moneda oficial es el Won surcoreano (KRW) y, aunque Corea es un país súper tecnológico donde podrías pagar casi todo con tarjeta, el efectivo sigue siendo necesario para pequeñas puestos de comida callejera o para algo fundamental: recargar tus tarjetas de transporte. Lo ideal es llevar una tarjeta tipo Revolut para sacar algo de efectivo en los cajeros (busca los que pongan Global ATM) y para pagar en tiendas y restaurantes, pero aquí es donde entran en juego las dos reinas del viaje: la T-Money y la WOWPASS.

La WOWPASS es la «tarjeta total» para turistas que ha salido hace poco y que es una maravilla. Es una tarjeta prepago que tú mism@ emites en unas máquinas naranjas que hay en aeropuertos y estaciones de ciudades grandes. Lo bueno es que puedes recargarla con tus euros en billetes directamente en la máquina (ella hace el cambio a wones) o con tu tarjeta de crédito.

IMPORTANTE: en las máquinas del aeropuerto solo puedes sacarla y recargarla con wones y en efectivo. Yo lo que hice fue sacar dinero en un ATM del aeropuerto, comprar la tarjeta en la máquina naranja y luego recargarla con dinero.

La WOWPASS funciona como una tarjeta de débito para pagar en cualquier tienda, pero (y aquí está el truco) también lleva incorporado el chip de la T-Money. Eso sí, son dos saldos separados: el dinero que metes para comprar ropa o comida no sirve para el metro; para el transporte tendrás que recargar el chip de la T-Money con efectivo en una máquina normal o pasar dinero desde la Wowpass a través de la app «wowpass». Esta app te servirá para controlar lo que gastas, el saldo y recargarla con tu tarjeta española.

Si no quieres la Wowpass, puedes coger solo la T-Money , que es la tarjeta de transporte de toda la vida. Es una tarjeta monedero que compras en cualquier tienda de conveniencia (como los 7-Eleven o GS25) y que solo se puede recargar con efectivo en esas mismas tiendas o en las máquinas de algunas estaciones de metro. Sirve para pagar el bus, el metro e incluso taxis. Es imprescindible si vas a moverte por libre, pero recuerda que no puedes recargarla con tu tarjeta de crédito española; necesitas billetes de won en el bolsillo.

Consejo de hormiga: si no quieres complicarte, mi consejo es que te saques la WOWPASS nada más llegar al aeropuerto de Incheon (Seúl). Te servirá para pagar en casi todas partes y te ahorras andar buscando casas de cambio. Si viajas con la tarjeta Revolut, úsala para sacar ese efectivo inicial en los cajeros del aeropuerto y luego ya te manejas con la WOWPASS para todo lo demás.

¿Puedes pagar con la tarjeta Revolut?

Sí, aunque en algunos pocos negocios no aceptan tarjetas extranjeras, incluida la Revolut (pero puedes pagar con la Wowpass o en efectivo).

MUY IMPORTANTE: si quieres pagar con la Revolut u con la N26, primero tienes que sacar algo de dinero con ella en algún cajero Global ATM; es la manera de «activarla» en Corea del Sur. Si no lo haces, los datáfonos no te la detectarán y te saldrá como no aceptada.

 

 

¿Cuál es la mejor época para viajar al Parque Nacional Seoraksan y a Sokcho?

La mejor época es sin duda el otoño, especialmente entre mediados de octubre y principios de noviembre, porque es cuando se produce el estallido del danpung o cambio de color de las hojas. Ver las montañas de Seoraksan teñidas de rojos, naranjas y amarillos intensos es una de las experiencias más brutales que puedes vivir en Corea del Sur, aunque tienes que mentalizarte de que no estarás sol@; medio país viaja hasta allí para ver el espectáculo y las rutas de senderismo se llenan bastante.

Si prefieres evitar las multitudes del otoño pero quieres disfrutar de buenas temperaturas para caminar por la montaña, la primavera es tu mejor aliada durante los meses de abril y mayo. En esta época, el parque despierta con el deshielo y las flores silvestres empiezan a brotar, creando un ambiente súper fresco y agradable para subir a picos como el Ulsanbawi sin terminar empapada en sudor.

Además, en Sokcho podrás disfrutar de la playa y del mercado de pescado con un clima mucho más suave que el del sofocante verano coreano, que suele traer lluvias monzónicas y una humedad que hace que cualquier caminata por Seoraksan se sienta como una maratón.

Por último, si eres de las que disfruta del frío y de los paisajes de postal, el invierno en Seoraksan es sobrecogedor, con sus picos nevados y sus templos budistas en absoluto silencio. Eso sí, ten en cuenta que el viento en esta zona de la costa este puede ser cortante y algunas rutas de senderismo cierran por seguridad debido al hielo.

Sea cual sea tu elección, lo ideal es intentar evitar los fines de semana y los festivos nacionales, porque tanto el parque como la ciudad de Sokcho se saturan de gente que busca desconectar de Seúl, y podrías perder horas haciendo cola para el teleférico o buscando mesa en los restaurantes del puerto.


¿Cómo llegar al Parque Nacional Seoraksan?

Si tu plan es aterrizar en Corea y poner rumbo directo a las montañas de Seoraksan sin pasar por Seúl, puedes hacerlo, pero tienes que estar muy atenta a los horarios. Existe un autobús directo que sale desde el Aeropuerto de Incheon (Terminal 1 y 2) hacia Sokcho, pero el gran problema es que salen muy pocos al día. A diferencia de los buses que salen desde el centro de Seúl cada 20 o 30 minutos, los del aeropuerto están mucho más limitados y, si pierdes uno, la espera puede ser de varias horas o incluso que ya no haya más hasta el día siguiente.

Si vas a optar por esta vía comprueba los horarios actualizados nada más aterrizar en los mostradores de «Airport Bus». El trayecto es largo, de unas 3h30, y el precio ronda los 36.000 KRW (unos 20 euros). Es una opción comodísima porque te olvidas de maletas y transbordos, pero como te digo, la baja frecuencia es su punto débil. Si ves que tu vuelo llega tarde o que el siguiente bus tarda demasiado, no te compliques: coge el tren AREX hasta el centro de Seúl y vete a la Express Bus Terminal o a Dong Seoul, desde donde salen buses a Sokcho constantemente.

Mi experiencia personal: nada más aterrizar a las 10:30 h, mi prioridad fue organizar el traslado. Tras recoger el equipaje, fui directo a consultar los horarios de autobús y vi que el siguiente hacia mi destino salía a las 13:40 h. Aunque tenía un margen de espera, decidí aprovechar esas tres horas de forma productiva: compré el billete, saqué dinero en un ATM y gestioné la tarjeta Wowpass (la saqué y la recargué allí mismo). Al final, la espera valió la pena; me salió mucho más a cuenta salir directamente desde el aeropuerto que perder tiempo y dinero yendo hasta Seúl para luego tener que coger otro bus.

 

¿Cómo moverte por el Parque Nacional Seoraksan?

Para moverte por Seoraksan, lo primero que tienes que entender es que casi todo el mundo entra por la zona de Seorak-dong, que es donde está la famosa estatua del Gran Buda de Bronce y los templos principales. Para llegar hasta aquí desde Sokcho, lo más fácil es coger el autobús local número 7 o 7-1 y bajarte en la última parada. Estos buses cruzan toda la ciudad y te dejan en la misma puerta del parque en unos 30 o 40 minutos. Salen cada poco tiempo, así que no te agobies mucho con los horarios, pero recuerda llevar tu tarjeta T-Money cargada para que el trayecto te salga por poco más de un euro.

Una vez cruzas la puerta del parque, la cosa cambia: aquí tus mejores aliados van a ser tus piernas. La mayoría de los puntos de interés están conectados por senderos de piedra y madera muy bien señalizados. Si no eres de mucho caminar o vas con niños, tienes la opción del Seoraksan Cable Car. Este teleférico te sube en apenas cinco minutos hasta la fortaleza de Gwongeumseong, ahorrándote una subida matadora y regalándote unas vistas de la costa y de las montañas kársticas que quitan el hipo.

Eso sí, los billetes no se pueden comprar online; tienes que ir a la taquilla en cuanto llegues al parque porque, en días de mucha afluencia, se agotan en un abrir y cerrar de ojos.

 

¿Cuántos días dedicarle al Parque Nacional Seoraksan?

Para conocer esta zona de Corea como se merece, lo ideal es que planifiques una estancia de tres noches. Aunque pueda parecer mucho tiempo, es la forma más inteligente de organizar el viaje para exprimir al máximo tanto la montaña como la costa. El esquema es muy sencillo: llegas a Sokcho por la tarde para pasar allí tu primera noche, lo que te permite despertarte ya en el destino y estar en la puerta del Parque Nacional a primerísima hora de la mañana, antes de que lleguen los buses desde Seúl.

De esta manera, tendrás dos días completos para dedicarle a esta región. El primero de ellos lo puedes centrar totalmente en las rutas de senderismo y los paisajes de Seoraksan, mientras que el segundo te da el margen necesario para explorar la ciudad de Sokcho, sus playas y los templos de los alrededores sin ir con la lengua fuera.


Atención sanitaria en
Corea del Sur

La sanidad en Corea del Sur es moderna, eficiente y con una tecnología que te deja con la boca abierta. Sin embargo, tiene un pequeño «pero», y es que no es gratuita para los turistas. Cualquier consulta médica, por pequeña que sea, o una simple visita a urgencias por un tropiezo tonto, puede acabar costándote unos cuantos cientos (o incluso miles) de euros. Los hospitales suelen estar bastante llenos y, aunque en las grandes ciudades hay clínicas internacionales con personal que habla inglés, los precios para los extranjeros no residentes son significativamente más altos que para los locales.

Por eso, viajar con un buen seguro de viaje no es solo una recomendación, es una necesidad absoluta para dormir tranquil@. Imagínate que necesitas una prueba diagnóstica o una medicación específica; tener a alguien al otro lado del teléfono que te diga a qué hospital ir y que se encargue de todas las facturas es la diferencia entre que el viaje siga adelante o se convierta en una pesadilla logística y económica.

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Internet en Corea del Sur

Ojo porque este país no pertenece al espacio Schengen, así que te cobrarán un pastizal por el roaming.

Yo viajo con Holafly, que tiene tarjetas e-SIM. Con tan solo escanear el código QR, ya tendrás conexión. ¡Es súper cómodo!

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Dónde dormir en Sokcho

Tienes una habitación doble con baño privado, balcón, aire acondicionado e insonorización en un edificio con vistas al mar y a todo Sokcho. Está muy bien ubicado y tienes la posibilidad de desayunar. Su valoración media es de 8,6 sobre 10, y el precio es de 38€ por noche.

Te dejo aquí esta opción (es la primera que sale) por si quieres echarle un vistazo. 

 

Entre Sokcho y el Parque Nacional tienes un estudio precioso con un rico desayuno incluido, cocina, baño privado, terraza, vistas y aire acondicionado. Hay un bus que te lleva a todos lados, tanto al PN como a la ciudad. Está ubicado en un lugar muy tranquilo, tiene una valoración media de 9,5 sobre 10, y la noche cuesta 70€.

Te dejo aquí esta opción (es la primera que sale) por si quieres verla. 

 

 

Qué ver en el Parque Nacional de Seoraksan y en Sokcho

 

La Fortaleza Gwon Geum Seong

Funicular subiendo a la Fortaleza Gwon Geum Seong

Funicular subiendo a la Fortaleza Gwon Geum Seong

Para disfrutar de Seoraksan sin las multitudes, el que madruga, Dios le ayuda. Mi día empezó a las 6:45 h para coger el autobús desde Sokcho, un trayecto de unos 50 minutos hasta la entrada del parque. Fui directa al teleférico y, aunque llegué a las 8:10 h, ya había bastante gente.

Las taquillas abren un poco antes de las 8:30 h, que es cuando sale la primera cabina. El sistema es curioso: en unas pantallas vas viendo los horarios que quedan libres (salen cabinas cada 5 minutos). Como los tickets vuelan, no conseguí hueco hasta las 8:50 h. El teleférico cuesta 11€ ida y vuelta.

Una vez arriba, hay que caminar unos 10 minutos de subida sin mucha dificultad hasta llegar a lo que llaman la Fortaleza Gwon Geum Seong. Pero aviso para navegantes: del castillo no queda absolutamente nada. Si esperas ver torres o murallas, te vas a encontrar con la montaña pura y dura y «cuatro piedras» mal contadas.

Lo que sí es espectacular es la formación rocosa y, sobre todo, las vistas. Desde lo alto tienes una panorámica increíble de Sokcho y el mar a un lado, y los picos de granito al otro. Me paré allí mismo a desayunar disfrutando del paisaje y, tras un buen rato, bajé. Vale la pena por la vista, pero no por el «castillo».

Consejo de hormiga: si quieres subir temprano, ve directo a la taquilla nada más entrar al parque. Los tickets no se pueden reservar online, solo allí mismo.


Ulsanbawi Rock

La silueta de Ulsanbawi es lo más imponente que vas a ver en Seoraksan: una mole de granito con seis picos que parece una corona de piedra. Es la foto que todo el mundo quiere, pero tiene truco.

Si consultas la información oficial de Turismo de Corea, te dirán que es una ruta de unos 3.8 km. Pero lo que realmente importa es el final: un tramo vertical de 800 a 900 escalones metálicos que suben directos por la pared de roca.

¿Por qué no subí? Muy sencillo: porque elegí la ruta de las cascadas y allí ya me chupé mis 900 escalones correspondientes, además de los escalones de la fortaleza y las del templo Anhyangam.  Mis piernas dijeron que ya habían cumplido el cupo de subidas verticales por un día. Al final, Seoraksan es así: elijas la ruta que elijas, vas a acabar contando peldaños.

Eso sí, aunque no la escales, la vista de Ulsanbawi desde la zona del Gran Buda es espectacular y te permite apreciar la magnitud de esa «roca viajera» (que según la leyenda, se quedó a vivir aquí porque le pareció el sitio más bonito de Corea) sin tener que sufrir el ascenso.


Templo Anhyangam

Templo Anhyangam

Templo Anhyangam

Después de bajar de la «fortaleza» y antes de volver a coger el teleférico para bajar al valle, hice una parada en el Templo Anhyangam (en el cartel señala el templo Allacam).

Para encontrarlo no tiene pérdida, pero hay que fijarse: se encuentra justo en el lado opuesto al camino que sube hacia la Fortaleza Gwongeumseong. Según sales de la estación del teleférico, en lugar de tirar hacia la derecha para subir, te diriges hacia la izquierda y verás un sendero que baja hacia el templo.

Es un templo pequeño, casi colgado del acantilado, que ofrece una experiencia mucho más íntima que los templos grandes de abajo. Lo que me encontré allí fue la esencia pura de Seoraksan: el silencio de la montaña roto solo por el sonido de un monje rezando. Es un contraste total con el bullicio de la gente que hay en la fortaleza.

Ruta de las Cascadas: Yukdam, Biryong y Towangseong

Si decides no subir a Ulsanbawi, la ruta de las cascadas es la alternativa perfecta, y para mi gusto, es mucho más variada. El recorrido empieza de forma muy agradable, caminando entre árboles y siguiendo el curso del río, lo que lo hace super refrescante.

Las primeras paradas son, sin duda, las más bonitas de ver de cerca:

  • Cascada Yukdam: es la primera que te encuentras y está «guapa». Lo mejor es el puente colgante que la cruza; caminar por encima mientras ves caer el agua es de las mejores sensaciones del parque.

  • Cascada Biryong: la segunda parada es una joya. Tiene una poza de agua cristalina con un color verde intenso que parece sacada de una postal. Es el lugar ideal para hacer fotos y disfrutar de la transparencia del agua antes de que empiece el verdadero reto.

El festival del escalón: justo después de la segunda cascada, la cosa cambia. El tramo entre Biryong y la última cascada es un ascenso vertical de unos 900 escalones. Yo tardé una hora y cuarto en completar la subida de todas las cascadas. Es de esos tramos en los que dejas de mirar el paisaje para concentrarte solo en el siguiente peldaño.

El final: al llegar al mirador de Towangseong, al observatorio de la Cascada Towangseong, hay que ser realistas con las expectativas. El mirador está bastante lejos de la caída de agua, por lo que la cascada se ve de lejos y, sinceramente, «no mata».

Mi veredicto: La ruta vale muchísimo la pena por el paisaje, el río, el puente colgante y el agua verde de la poza cristalina. El esfuerzo de los 900 escalones finales es más por el reto personal y la vista panorámica del cañón que por la cascada en sí. Asegúrate de llevar agua.


Gran Buda de Seoraksan

Gran Buda de Seoraksan

Gran Buda de Seoraksan

Es una estatua de bronce gigante, de casi 15 metros, que parece vigilar todo el valle con una paz increíble. La encotrarás tras pasar el teleférico y las cafeterías / restaurantes que hay por el camino.

Yo he tenido la suerte de verlo en un momento mágico: con todos los farolillos de colores montados. Si vas en cualquier otra época del año la estatua impresiona, pero verla rodeada de esos techos de colores es otro nivel.

¿Por qué están esos farolillos ahí?

Si te encuentras el parque así, es porque se está celebrando el Nacimiento de Buda (que suele caer en mayo). No es una simple decoración; tiene un significado muy profundo:

  • Luz contra la oscuridad: los farolillos simbolizan la sabiduría iluminando el mundo.

  • Deseos personales: si te fijas, cada farolillo tiene una tarjeta blanca colgando. Ahí es donde la gente escribe su nombre y sus deseos o peticiones (salud para la familia, suerte en los exámenes, paz…). Es como si cada luz fuera una oración que se queda allí vibrando en la montaña.

  • El Gran Buda de la Reunificación: un detalle que me gustó mucho es que este Buda se construyó específicamente para pedir por la reunificación de las dos Coreas. Por eso transmite esa sensación de esperanza y unión.

Consejo de hormiga: aunque no seas religioso, tómate un momento para caminar bajo los farolillos cerca de la estatua. El sonido del viento moviendo las tarjetas y el contraste de los colores con el bronce del Buda y el gris de las montañas de fondo es, posiblemente, la foto más bonita que te vas a llevar de Seoraksan.


Tómate un café con vistas

Después de dejar atrás al Gran Buda y antes de llegar al templo principal que hay más arriba, te encuentras con una pequeña cafetería que es un auténtico refugio. Está situada estratégicamente con vistas directas al río y a la montaña, y es el lugar ideal para hacer un alto en el camino.

Hay que decir las cosas claras: no es un sitio barato. Para que te hagas una idea, un café con sabor a avellana (que te sirven en una buena taza) o un té helado rondan los 4,50 € (unos 7.000 KRW). Puede parecer caro para ser un café, pero te aseguro que vale muchísimo la pena.

No estás pagando solo por la bebida, estás pagando por el momento: sentarte allí, con el sonido del río de fondo y las paredes de granito de Seoraksan frente a ti, no tiene precio. Es el chute de energía perfecto antes de enfrentarte a los 900 escalones de las cascadas o a la subida de Ulsanbawi. Si vas con tiempo, no te lo saltes; es de esos lujos que hacen el viaje especial.


Templo Sinheungsa

Uno de los Cuatro Reyes Celestiales

Uno de los Cuatro Reyes Celestiales

Nada más cruzar el puente sobre el río, te encuentras con el Templo Sinheungsa. Es uno de los templos zen más antiguos del mundo, pero lo que realmente lo hacía especial cuando yo estuve no era su antigüedad, sino que estaba totalmente inundado de farolillos de colores.

Al igual que en la zona del Buda, los farolillos aquí lo cubrían casi todo, creando pasillos de colores que contrastaban con la madera oscura y las pinturas tradicionales de los edificios. Caminar por los patios entre ese mar de rojos, amarillos y verdes, con las montañas de granito de Seoraksan asomando por encima de los tejados, es una de las imágenes más potentes del viaje.

Lo que no te puedes perder:

  • Las puertas del templo: fíjate en los «Cuatro Reyes Celestiales» que guardan la entrada; son unas estatuas gigantes que imponen bastante y que sirven para proteger el lugar sagrado.

  • El ambiente: a pesar de ser el templo principal y de estar lleno de gente, se respira un respeto increíble. Entre el olor a incienso y el sonido de los cánticos que salen de los pabellones, te sientes en la Corea más auténtica.

Es el punto donde realmente sientes que Seoraksan no es solo naturaleza, sino un lugar espiritual muy importante. Verlo con los farolillos montados es, sinceramente, haber tenido mucha suerte con las fechas del viaje.


Playa de Sokcho

Si vas a la playa de Sokcho, prepárate para un paisaje que mezcla el Mar del Este con un toque muy moderno. Es una playa de arena blanca, súper bien cuidada y con un paseo marítimo que tiene de todo.

Lo más top de la playa:

  • La Sokcho Eye: es la gran protagonista. Es una noria enorme justo en la orilla. Subir te da unas vistas brutales de toda la costa y de las montañas de Seoraksan a lo lejos.

  • Esculturas y fotos: el paseo está lleno de spots para Instagram: marcos de fotos gigantes, estatuas de peces y las letras de «Sokcho». Es el típico sitio donde los coreanos van a hacerse sesiones de fotos perfectas.

  • El espigón y el faro: si caminas hacia el final, tienes una zona de rocas y un pequeño faro que es ideal para ver romper las olas.

 

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Daepo Port y el calamar relleno

Daepo Port y el calamar relleno

Daepo Port y el calamar relleno

Después de un día intenso de montaña en Seoraksan, el Puerto de Daepo (Daepo-hang) en Sokcho es el lugar perfecto para recuperar fuerzas. El ambiente allí es una locura de estímulos: es un laberinto de calles llenas de puestos de comida donde el olor a plancha y fritos te guía por el camino.

Lo que más impresiona al pasear son los restaurantes de pescado y marisco. Sus fachadas no son normales; están cubiertas de acuarios llenos de ejemplares vivos: desde peces de todos los tamaños. El concepto es «del mar a la mesa» en tiempo real: tú eliges la pieza que quieres del acuario y te la preparan allí mismo.

Sin embargo, para comer yo busqué algo más auténtico y local: el famoso Ojingeo Sundae (calamar relleno), que es el plato estrella de la región. Me paré en uno de los pequeños puestos callejeros que tenía una mesita para varias personas. Fue todo un acierto.

  • La preparación: la señora cogió el calamar (relleno de fideos y verduras), lo cortó en rodajas en el momento y lo puso directamente en la plancha.

  • El precio: me costó 17.000 wones (unos 11,50 €). Aunque no es el bocado más barato, la calidad y el sabor lo justifican totalmente, además llena bastante.

  • La experiencia: estaba simplemente delicioso. El contraste del calamar doradito por fuera con el relleno tierno es increíble. Comerlo allí mismo, sentada en esa mesita en medio del bullicio del puerto, fue el mejor final para el día.

 

Consejo de hormiga: en los puestos de la calle no se suele regatear el precio (los 17.000 wones son los que son), pero si compras un par de cosas, a veces la señora te «regala» una pieza extra de algo o un poco más de guarnición (service, como dicen allí). Una sonrisa y un «kamsahamnida» ayudan mucho.


Templo Naksansa

El Templo Naksansa es uno de los pocos santuarios de Corea del Sur que se encuentra ubicado directamente sobre los acantilados de la costa este lo que ofrece una perspectiva única del Mar del Este. Fue fundado originalmente hace más de mil trescientos años por el monje Uisang y aunque sufrió un incendio forestal devastador en el año dos mil cinco ha sido reconstruido con una precisión asombrosa respetando cada detalle de su arquitectura tradicional.

El recorrido comienza atravesando senderos rodeados de pinos y muros de piedra que conducen hasta la enorme estatua de piedra blanca Haesugwanum-sang que vigila el océano desde lo alto de la colina. Otro de los puntos más impactantes es el pabellón Uisangdae situado en un saliente roccoso que se ha convertido en el lugar más icónico para contemplar el amanecer en toda la región.

Cerca de allí se encuentra la ermita Hongryeonam construida sobre una cueva marina donde se puede observar el movimiento de las olas a través de una pequeña abertura en el suelo de madera. El contraste entre los colores vibrantes de las estructuras de madera y el azul profundo del mar convierte a este complejo en un lugar imprescindible para entender la conexión entre la espiritualidad coreana y la naturaleza. Es un espacio que invita a caminar con calma disfrutando del sonido del viento y las campanas que cuelgan de los aleros de los edificios principales.

Nota: Para llegar tendrás que coger el bus número 9 o 9-1.

Consejo de hormiga: pásate por el Naksansa Free Tea Pavilion, los monjes ofrecen té caliente a los visitantes. Si lo ves, no dudes en aceptar, es parte de la hospitalidad del templo.

 

 

Mercado Turístico y de Pescado de Sokcho

Sul-ppang en el Mercado Turístico y de Pescado de Sokcho

Sul-ppang en el Mercado Turístico y de Pescado de Sokcho

El Mercado Turístico y de Pescado de Sokcho, conocido localmente como Sokcho Jungang Market, es el corazón gastronómico de la ciudad y una parada obligatoria para entender la cocina de esta región costera. Este espacio se divide principalmente en dos zonas que se complementan entre sí: una red de callejones cubiertos llenos de puestos de comida callejera y una planta subterránea dedicada exclusivamente al pescado y marisco fresco.

En la parte superior la gran estrella es el Dakgangjeong, que es pollo frito crujiente bañado en una salsa dulce y picante, y es tan famoso que verás a casi todo el mundo cargando con cajas de cartón de marcas legendarias como Manseok. Junto a esto destaca el Ojingeo Sundae, el calamar relleno de una mezcla de arroz, verduras y fideos que se corta en rodajas y se pasa por la plancha con huevo, siendo el plato más representativo de la cultura de los refugiados de la guerra en esta zona.

Si se baja a la planta subterránea el ambiente cambia por completo para transformarse en un mercado de pescado vivo donde las peceras llenan los pasillos con cangrejos gigantes, calamares y todo tipo de especies locales. Aquí el sistema funciona de forma muy directa ya que puedes elegir la pieza que quieras y pedir que te la preparen al momento en formato Hoe, que es el pescado crudo al estilo coreano, para comerlo en las pequeñas mesas que hay allí mismo acompañándolo con una sopa picante hecha con las espinas.

Eso sí, prepárate para ver las peceras porque a mí me pareció muy triste y desagradable ver cómo esos animales estaban literalmente enjaulados intentando moverse.

Si hay algo que te va a llamar la atención en el mercado de Sokcho, más allá del pescado, es una cola eterna de gente esperando por un trozo de pan gigante y humeante. Se trata del Sul-ppang, un pan al vapor tradicional que se elabora utilizando Makgeolli (vino de arroz coreano) para que fermente de forma natural.

Es un pan increíblemente esponjoso, con una textura elástica y un sabor suave con un toque dulce. Lo reconocerás porque suelen ser piezas circulares enormes que cortan en triángulos generosos justo antes de entregártelos. Lo que ves por encima son frijoles dulces y guisantes (legumbres dulces) que le dan ese contraste de color y sabor tan característico.

No es el típico pan de panadería moderna; es un sabor muy tradicional que a los coreanos les encanta porque no empalaga y es súper ligero. Aunque veas mucha cola, suele avanzar rápido porque tienen las vaporeras funcionando a toda máquina. Es el snack perfecto para ir picando mientras recorres el resto del mercado.


Yeonggeumjeong Sunrise Pavilion y Yeonggeumjeong Observatory

El Yeonggeumjeong es un lugar único en la costa de Sokcho que destaca por tener dos pabellones con perspectivas totalmente diferentes. Su nombre hace referencia al sonido de las olas golpeando las rocas, que antiguamente recordaba al de un instrumento tradicional de cuerda. Lo más interesante de este sitio es que ofrece una de las estampas más icónicas de la zona gracias a la combinación de sus dos estructuras.

Lo más guapo de la visita es subir al observatorio que está en lo alto de la colina. Desde este punto elevado se tiene la mejor vista panorámica, donde se ve perfectamente el puente de piedra Dongmyeong-gyo extendiéndose sobre el mar hasta conectar con el segundo pabellón, que está construido directamente sobre el agua. Es la foto perfecta porque permite apreciar toda la arquitectura tradicional rodeada por el azul del Mar del Este y, si vas de noche, el puente iluminado sobre las rocas queda espectacular.

Por otro lado, bajar y cruzar el puente hasta el pabellón del amanecer permite vivir la experiencia a ras de mar. Es impresionante sentir la brisa y escuchar de cerca la fuerza de las olas rompiendo justo debajo de tus pies.


Abai Village

Abai Village

Abai Village

Abai Village es un lugar con una historia muy particular, ya que nació como un asentamiento de refugiados que llegaron desde Corea del Norte durante la guerra. Muchos se instalaron en este pequeño banco de arena esperando regresar pronto a sus casas, y el nombre del pueblo, «Abai», significa «abuelo» en el dialecto del norte, en honor a quienes lo fundaron. Hoy en día, el barrio mantiene ese ambiente nostálgico con casas bajas y callejones estrechos que guardan las recetas originales de la zona, como el auténtico Abai Sundae y el famoso calamar relleno.

La mejor forma de llegar es haciendo la ruta a pie desde los pabellones de Yeonggeumjeong, cruzando el puente que te permite ver toda la actividad del puerto desde las alturas antes de bajar al pueblo. Una vez allí, puedes ver el curioso Gaetbae, el transbordador manual que cruza el canal tirando de cables metálicos. Es un sitio que mezcla una historia de superación muy real con un ambiente único que incluso sirvió de escenario para dramas clásicos como «Autumn in My Heart».

Después de recorrer el pueblo, la ruta sigue caminando hacia la playa de Sokcho atravesando el icónico puente rojo. Este trayecto es clave porque pasas justo por el lago Cheongchoho, un enorme lago salado que conecta con el mar y ofrece un paseo súper relajante. Es un recorrido perfecto para conectar la tradición de los pabellones, la historia de los refugiados del norte y terminar finalmente en el ambiente moderno de la playa con su noria gigante.


Coge el Gaetbae

El Gaetbae es mucho más que un simple medio de transporte; es el símbolo vivo de Sokcho y una de las experiencias más auténticas que puedes probar en la ciudad. Se trata de una balsa o transbordador de madera que cruza el canal que separa el centro de Sokcho del pequeño pueblo de refugiados de Abai Village. Lo que lo hace único en toda Corea es que no tiene motor: se mueve de forma totalmente manual.

Para que la barca avance, hay que tirar de unos cables de acero que cruzan el canal utilizando unos ganchos metálicos. Aunque hay operarios encargados de hacerlo, lo tradicional es que los propios pasajeros echen una mano y ayuden a tirar del cable durante el trayecto. Es un recorrido muy corto, apenas cinco minutos, pero tiene ese encanto de la vieja escuela que no encuentras en ningún otro sitio. Además, es increíblemente barato, costando apenas unos 500 wones por trayecto (poco más de 30 céntimos de euro).

Consejo de hormiga: si tienes pensado cenar en Abai Village, ten mucho cuidado con el reloj. Aunque el Gaetbae suele funcionar hasta tarde (alrededor de las 22:30 o 23:00 según la temporada), es vital confirmar el horario del último viaje al llegar. No querrás perder el último barco y verte obligado a dar todo el rodeo a pie por el puente alto para volver al centro después de una cena tranquila.


Mapa interactivo de los lugares que ver en el Parque Nacional Seoraksan

 

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