Qué ver en Fougères: consejos y 11 imprescindibles

Qué ver en Fougères

Cuando la gente organiza un viaje por el noroeste de Francia, hay un lugar que todo el mundo tiene marcado en rojo en el mapa: el Mont Saint-Michel. Es comprensible, es una maravilla. Pero lo que la inmensa mayoría de los viajeros no sabe, y comete el error de pasar de largo por la carretera, es que a escasos 40 minutos en coche de allí se esconde un auténtico viaje en el tiempo. Te hablo de Fougères.

Mientras las masas de turistas se agolpan en el monte, Fougères te espera con una paz increíble y, sin exagerar, con la fortaleza medieval más grande de toda Europa. Sí, has leído bien. No es solo un castillo bonito; es un complejo militar gigantesco con unas murallas y unas torres imponentes que parecen sacadas directamente de una película de caballeros y dragones, plantadas en mitad de un valle verde alucinante.

Pero Fougères no es solo su castillo. Este rincón tiene un casco histórico precioso dividido en dos zonas, calles adoquinadas flanqueadas por casas de entramado de madera que se conservan de maravilla, y unos jardines con unas vistas que te van a obligar a parar a hacer fotos cada dos pasos.

En este post te voy a contar todo lo que tienes que ver en Fougères para demostrarte por qué se merece, sí o sí, que desvíes la ruta y le dediques el tiempo que se merece.

Si piensas hacer un roadtrip por Francia, aquí te dejo una guía de Normandía, una de Bretaña, una de Ariège y otra de las Gargantas del Verdon

 

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Consejos prácticos para ir a Fougères

¿Cómo llegar a Fougères?

Si tu punto de partida es el Mont Saint-Michel, estás a un tiro de piedra. Solo tienes que pillar la autovía A84 hacia el sur y en apenas 40 minutos de conducción súper cómoda te habrás plantado a los pies de la fortaleza. Es la excursión perfecta para combinar en el mismo día o para usar Fougères como una parada estratégica antes de adentrarte más en Bretaña.

Si vienes desde otras ciudades importantes de la región, la cosa sigue siendo igual de sencilla. Desde Rennes, la capital de Bretaña, estás a una media hora larga subiendo por la misma autovía. Y si estás haciendo base en la preciosa ciudad corsaria de Saint-Malo, llegar te llevará más o menos una hora cruzando la campiña francesa por carreteras secundarias que son una delicia para la vista.

Si dependes del transporte público, la cosa se complica un poco porque Fougères no tiene estación de tren activa para pasajeros. Sin embargo, está muy bien resuelto gracias a los autobuses regionales de la red BreizhGo. La mejor opción en este caso es llegar en tren de alta velocidad (TGV) hasta la estación de Rennes y, justo allí mismo, subirte al autobús de la línea 4. Te deja en el centro de Fougères en poco menos de una hora y los horarios son bastante regulares durante todo el día.

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¿Cuál es la mejor época para ir a Fougères?

La mejor época del año para visitar Fougères es, sin duda, entre mayo y septiembre. Durante los meses de primavera y verano es cuando vas a encontrar el clima más agradable, los días más largos para exprimir las visitas y, sobre todo, los jardines del pueblo en su máximo esplendor. Fougères destaca mucho por sus zonas verdes, y ver el Jardín Público o el foso del castillo llenos de flores con el buen tiempo es otro nivel.

La gran ventaja que tiene Fougères frente a otros gigantes de la zona, como el Mont Saint-Michel, es que no sufre de una masificación agobiante en julio y agosto. Aunque el verano es la época con más ambiente y cuando el castillo organiza eventos de recreación medieval, se puede pasear y disfrutar del pueblo con muchísima paz, sin los agobios típicos de la temporada alta.

Si tuviera que elegir mis meses favoritos, te diría junio y septiembre. En estas semanas las temperaturas son perfectas para caminar, los precios de los alojamientos en los alrededores bajan un poco y tienes el castillo prácticamente para ti sol@.

 

¿Cómo moverte por Fougères?

Fougères

Fougères

Fougères es una ciudad pequeña que está hecha para ser descubierta caminando. Olvídate por completo del coche una vez que lo dejes en el parking; las calles del centro histórico son estrechas, muchas son peatonales y el encanto está en perderte por sus rincones a tu propio ritmo.

Eso sí, hay un detalle importante que tienes que saber: Fougères está dividida geográficamente en dos partes, la Ciudad Baja (Ville Basse), donde se encuentra el impresionante castillo y el barrio medieval, y la Ciudad Alta (Ville Haute), donde está la zona comercial y el campanario. Esto significa que te va a tocar salvar un buen desnivel a base de cuestas y escaleras si quieres recorrerla por completo.

Para subir de la zona baja a la alta sin dejarte los pulmones en el intento, mi recomendación es que lo hagas cruzando el Jardín Público. El camino va subiendo de forma serpenteante entre terrazas llenas de flores y árboles, por lo que la subida se hace muchísimo más amena y, además, te regala las mejores vistas panorámicas de la fortaleza a mitad de camino.

 

¿Cuánto tiempo dedicarle a Fougères?

Para exprimir Fougères como se merece, lo ideal es dedicarle un día completo (unas 6 o 7 horas). La fortaleza medieval es gigantesca y recorrerla por dentro te va a llevar tranquilamente entre una hora y media y dos horas. Si a eso le sumas el paseo por el barrio medieval de la Ciudad Baja, la subida obligatoria a los jardines y recorrer las calles comerciales de la Ciudad Alta, el día se te pasa volando sin tener que correr.

Si estás haciendo una ruta muy apretada por Bretaña y Normandía y no tienes un día entero, puedes ver lo imprescindible en una mañana o una tarde larga (unas 4 horas). En este caso, tendrías que ir muy tiro hecho: visitar el castillo por dentro (o al menos rodearlo) y subir al Jardín Público para llevarte la foto de postal con las vistas del pueblo.

¿Merece la pena quedarse a dormir? Aunque la gran mayoría de la gente lo visita como una excursión de un día desde Rennes o el Mont Saint-Michel, pasar una noche aquí tiene un encanto brutal. Al no ser un pueblo masificado, cuando cae el sol Fougères se queda súper tranquila y ver la fortaleza medieval completamente iluminada desde la Ciudad Baja es una experiencia mágica que poca gente llega a ver.

 

Atención sanitaria en Francia

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Dónde dormir en Fougères

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En pleno centro de Fougères tienes una habitación doble con cama grande y baño privado. El alojamiento tiene wifi gratis, jardín con terraza, vistas a la ciudad y acceso a la bañera de hidromasaje y al centro de spa. Hay posibilidad de tomar un buen desayuno, aunque no está incluido en el precio de la estancia. Esta alojamiento tiene una valoración media de 9,3 sobre 10 y la noche cuesta 86€.

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Qué ver en Fougères

Visita la fortaleza de Fougères

Fortaleza de Fougères

Fortaleza de Fougères

Hablar de Fougères es hablar, obligatoriamente, de su castillo. Es el monumento que justifica por sí solo el desvío en la ruta. Como te adelantaba, no estás ante una simple ruina bonita; te vas a plantar ante una de las fortalezas medievales mejor conservadas y más imponentes de toda Europa. Lo primero que te va a llamar la atención es su ubicación: a diferencia de la mayoría de castillos, que se construían en lo alto de una colina para vigilar, este se levantó en una zona baja, sobre un gran peñón de roca rodeado por las aguas del río Nançon, que funcionaba como un foso natural imbatible.

Para entender la magnitud de lo que vas a ver, hay que rascar un poquito en su historia. Esta mole de piedra se construyó a partir del siglo XII en un punto súper estratégico: las llamadas Marchas de Bretaña, la zona fronteriza entre el Ducado de Bretaña y el Reino de Francia. Durante siglos, este lugar fue el escenario de batallas brutales, asedios y traiciones. Al ser una plaza fuerte tan importante, los duques de Bretaña no escatmaron en gastos y la fueron ampliando hasta convertirla en una máquina de guerra inexpugnable.

La visita por el interior es una auténtica pasada y te va a llevar tranquilamente entre una hora y media y dos horas. El recorrido está súper bien pensado e incluye un sistema de guía multimedia (disponible en español) que te va contando los secretos de la fortaleza mientras caminas. Lo mejor de todo es que el complejo está dividido en tres recintos amurallados independientes que marcan los tres niveles de defensa.

Vas a poder cruzar sus imponentes puertas fortificadas, alucinar con el grosor de los muros y, lo más divertido, subir a varias de sus 11 torres que aún quedan en pie (de las 13 que llegó a tener en su época dorada). Las escaleras de caracol de piedra te llevarán a lo más alto de moles tan espectaculares como la Tour Mélusine o la Tour des Gobelins, desde donde las vistas del patio de armas y del pueblo te van a dejar con la boca abierta.

Un detalle que me parece espectacular de la visita es la zona de los antiguos molinos de agua, que están justo en la plaza de entrada al recinto fortificado. Las enormes ruedas de madera siguen girando con la fuerza del río Nançon, recreando perfectamente el ambiente de la época y regalando una de las estampas más bonitas de todo el viaje.

Consejo de hormiga: intenta planificar la visita a primera hora de la mañana o a última de la tarde. No solo porque vas a evitar a las pocas excursiones de colegios o grupos que se acercan, sino porque la luz del sol golpeando las torres de piedra a esas horas hace que las fotos queden espectaculares. Lleva calzado cómodo y cerrado, porque vas a subir muchos escalones de piedra.

 

Jardín Público de Fougères

Situado en la Ciudad Alta, justo al lado de la imponente iglesia de San Leonardo, este parque es mucho más que un sitio para sentarse a la sombra. Para ti va a ser la ruta peatonal perfecta para moverte entre la parte alta y la parte baja de Fougères.

El parque aprovecha el gran desnivel que separa ambos barrios y está estructurado en terrazas a diferentes alturas. En lugar de subir o bajar por una acera pegada a la carretera, aquí lo haces cruzando paseos arbolados, caminos de grava rodeados de césped y parterres llenos de flores que cambian según la temporada. El trayecto está muy bien acondicionado y, aunque la cuesta sigue estando ahí, se hace muchísimo más llevadero gracias al entorno.

Pero el verdadero motivo por el que tienes que cruzar este jardín obligatoriamente es que funciona como el auténtico mirador del pueblo. A medida que vas ganando altura por sus diferentes terrazas, vas a encontrarte con unos balcones de piedra que ofrecen una panorámica brutal a vista de pájaro. Desde ahí arriba tienes la típica foto de postal: las torres del castillo en primer plano, el cauce del río Nançon a sus pies y los tejados de pizarra del barrio medieval descansando al fondo del valle.

 

Iglesia Saint Sulpice

Iglesia Saint Sulpice

Iglesia Saint Sulpice

 

Ubicada en pleno corazón de la Ciudad Baja, justo a los pies del imponente castillo, te vas a topar con la Iglesia de Saint Sulpice.

Aunque la mayoría de los focos se los lleva la fortaleza, merece muchísimo la pena detenerse ante este templo. Es una de las iglesias más ricas de Bretaña en cuanto a patrimonio y su silueta de estilo gótico flamígero, construida en granito entre los siglos XV y XVIII, complementa de maravilla el ambiente medieval del barrio del Marchix.

Por fuera, lo primero que te va a llamar la atención es su curioso tejado y las llamativas gárgolas que decoran sus fachadas externas, esculpidas con formas fantásticas que parecen vigilar a los transeúntes. Pero lo verdaderamente impresionante te espera al cruzar sus puertas, donde se esconden varias joyas artísticas e históricas que han sobrevivido milagrosamente al paso de los siglos.

 

Museo Emmanuel de la Villéon

Emmanuel de la Villéon (1858-1944) fue un pintor impresionista originario de Fougères, considerado uno de los paisajistas más notables de su época en Francia. El museo dedicado a su figura se encuentra en la Ciudad Alta, ubicado en un rincón que ya de por sí justifica la visita: una espectacular casa con entramado de madera del siglo XVI, que es una de las poquísimas viviendas medievales de este estilo que quedan en esa zona del pueblo.

Ojo porque las colecciones del museo no están abiertas de forma continua durante todo el año, sino que se gestionan a través del servicio de patrimonio del Ayuntamiento y suelen abrir al público general de forma regular principalmente durante los meses de verano o mediante exposiciones temporales. En su interior se custodia una colección de óleos, pasteles y dibujos donados por la familia del artista, donde destacan sus paisajes coloridos que plasman la naturaleza, los bosques y las estaciones con esa luz tan característica del impresionismo lírico.

 

Jardines de Val Nançon

Jardines de Val Nançon

Jardines de Val Nançon

Si quieres ver la fortaleza por fuera y contemplar sus imponentes murallas desde otra perspectiva, tienes que dar una pequeña vuelta por los Jardines del Val Nançon. Que no te engañe el nombre en plural: más que un parque grande o un bosque urbano al uso, se trata de un paseo ajardinado, estrecho y alargado que sigue fielmente el curso del río Nançon justo a los pies del castillo. Se recorre de punta a punta en muy poco tiempo, pero tiene muchísimo encanto.

Este pequeño pulmón verde aprovecha el antiguo foso natural para crear un sendero muy agradable de césped y grava, salpicado por algunos sauces llorones que caen sobre el agua. Caminar por aquí abajo es completamente llano y súper tranquilo, lo que la convierte en el lugar ideal para desconectar unos minutos del bullicio de la entrada principal de la fortaleza y caminar escuchando el murmullo del río.

Lo mejor de este caminito es que te permite hacerte una idea real de la escala de la fortaleza, ya que caminas pegad@ a la base de las rocas sobre las que se asientan las murallas. Además, este paseo funciona de forma habitual como una galería de arte contemporáneo al aire libre. El Ayuntamiento suele organizar exposiciones temporales e instala esculturas e instalaciones de diferentes artistas que van cambiando a lo largo del año, por lo que el paisaje nunca es el mismo y crea un contraste muy chulo entre la piedra medieval y el arte moderno.

 

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Iglesia Saint Léonard

Situada en la parte más alta del pueblo, justo al lado de la entrada principal del Jardín Público, te vas a encontrar con la Iglesia de San Leonardo. Este templo es el gran punto de referencia espiritual y arquitectónico de la Ciudad Alta. Aunque sus orígenes se remontan al siglo XII, el edificio que contemplamos hoy en día es el resultado de una reconstrucción casi total en estilo gótico flamígero durante los siglos XV y XVI, rematada con importantes ampliaciones y restauraciones neogóticas que se llevaron a cabo durante el siglo XIX.

Al acercarte, lo primero que te va a impactar es su imponente fachada principal. Es de un estilo gótico tardío muy ornamentado, con un gran rosetón central y una torre campanario calada que domina todo el perfil de la ciudad. Sin embargo, debido a las remodelaciones del siglo XIX, el interior de la iglesia ofrece una curiosa mezcla: mientras que las naves y las capillas del ala norte conservan la estructura y el encanto de la piedra medieval original, la fachada que da hacia el jardín y el ala sur son mucho más modernas.

Al entrar, la atmósfera destaca por su verticalidad y la luz que se filtra por sus vidrieras. Entre sus tesoros artísticos más importantes se encuentran los vitrales del siglo XIX, fabricados por maestros vidrieros de la región, y una serie de pinturas y retablos que decoran las capillas laterales. Además, al estar pegada al desnivel del terreno que baja hacia el valle, la explanada exterior de la iglesia funciona como el preámbulo perfecto antes de adentrarte en el Jardín Público para disfrutar de las mejores vistas de Fougères.

Consejo de hormiga: la entrada a la iglesia es totalmente libre y gratuita. Te recomiendo visitarla justo antes de iniciar tu paseo por las terrazas del Jardín Público. El contraste arquitectónico entre esta enorme iglesia de granito en la Ciudad Alta y la Iglesia de San Sulpicio abajo, junto al castillo, te da una idea perfecta de cómo estaba dividida la sociedad de Fougères en la Edad Media.

 

El Campanario (Le Beffroi)

El Campanario (Le Beffroi)

El Campanario (Le Beffroi)

Si la fortaleza es el corazón de la Ciudad Baja, el Campanario (Le Beffroi) es, sin duda, el gran orgullo de la Ciudad Alta. Situado en pleno centro histórico, en una de las zonas comerciales del pueblo, este monumento de estilo gótico flamígero de granito te va a llamar la atención de inmediato por su silueta esbelta que apunta al cielo. Construido a finales del siglo XIV (en el año 1397), ostenta un título histórico espectacular: es el campanario municipal más antiguo de toda Bretaña. Su mera existencia ya es un milagro, ya que ha sobrevivido a incendios, guerras y bombardeos que arrasaron gran parte de los edificios de madera que lo rodeaban.

Para entender por qué se construyó, hay que viajar en el tiempo a una época de rivalidades. En la Edad Media, las campanas de las iglesias controlaban la vida de la gente, pero los ricos burgueses y artesanos de Fougères querían su propia independencia frente al poder del clero y de los señores feudales del castillo. Por eso, decidieron rascarse el bolsillo y levantar esta gran torre civil para regular el tiempo de la ciudad, anunciar la apertura y cierre de los mercados, dar el aviso de queda o alertar en caso de incendios. El campanario era, básicamente, el símbolo de la libertad y del poder de los ciudadanos frente a los nobles.

 

Ayuntamiento de Fougères

En tu paseo por el centro histórico de la Ciudad Alta, te vas a topar de frente con el edificio del Ayuntamiento (Hôtel de Ville). Situado a muy pocos pasos del Campanario y de la Iglesia de San Leonardo, este señorial palacio de granito es el epicentro de la vida civil del pueblo y un monumento que merece la pena pararse a contemplar para entender la evolución de Fougères tras la época medieval.

El edificio actual se construyó durante el siglo XVI, en pleno Renacimiento, y destaca por su fachada sobria y elegante hecha con el característico granito gris de la región. Si te fijas bien en su arquitectura, verás que combina esa robustez defensiva tan típica de Bretaña con los detalles decorativos más refinados que empezaban a llegar de la época renacentista. A lo largo de los siglos ha vivido varias reformas, pero ha sabido mantener intacto ese porte institucional que representa el orgullo de los ciudadanos.

 

Canal de Fougères

Canal de Fougères

Canal de Fougères

 

Uno de los paseos más fotogénicos y relajantes de Fougères lo vas a disfrutar siguiendo el curso del agua que cruza la Ciudad Baja. Al recorrer los alrededores del castillo y el histórico barrio del Marchix, te vas a encontrar con una preciosa red de pequeños canales de piedra y puentecitos que parecen sacados de una postal antigua. Todo este entramado fluye gracias al río Nançon, cuyo cauce fue moldeado minuciosamente por los habitantes del pueblo durante la Edad Media.

 

Casas de la Parte Baja de Fougères

Plaza del Marchix

Plaza del Marchix

Pasear por el barrio medieval de la Ciudad Baja es adentrarse en la cara más pintoresca y nostálgica de Fougères. Alrededor de la histórica Plaza del Marchix y de las callejuelas que siguen el curso del río, el paisaje se transforma por completo. Aquí la piedra señorial cede todo el protagonismo a las tradicionales viviendas con entramado de madera, un conjunto arquitectónico espectacular que te traslada directamente a los siglos XV y XVI.

Estas construcciones eran mucho más que simples viviendas; en su planta baja albergaban los bulliciosos talleres de los curtidores, tintoreros y artesanos que aprovechaban la fuerza del agua para sus oficios. Si levantas la mirada al caminar, descubrirás el encanto de sus vigas vistas de colores y sus característicos pisos en voladizo, una técnica de la época que permitía ganar metros cuadrados a las estancias superiores y protegía las maderas de la planta baja de las inclemencias del tiempo bretón.

El verdadero valor de este vecindario es que se mantiene completamente vivo y habitado. El esmerado trabajo de restauración ha permitido conservar los entramados originales, regalándonos un paseo donde las fachadas de entramado de madera combinan a la perfección con las calles empedradas y las flores de las ventanas. Es una zona perfecta para bajar el ritmo, dejarse llevar por los callejones y capturar la esencia de la vida cotidiana en el corazón de la Bretaña histórica.

Consejo de hormiga: no te vayas de la zona baja sin buscar las casas de los números 13, 15 y 17 de la plaza Marchix. Están catalogadas como Monumentos Históricos y son de las fachadas más fotografiadas del pueblo por su increíble estado de conservación.

 

Calle Lusignan

Una característica típica de las ciudades medievales eran las casas con entramado de madera. Parte de este patrimonio se perdió durante la Segunda Guerra Mundial, durante los bombardeos. Sin embargo, verás la parte baja de una de estas casas que aún conserva sus contraventanas originales. Está protegida con una valla, pero podrás ver las contraventanas sin problema.

 

Pueblos bonitos que puedes visitar en Bretaña

Además de la guía de Bretaña, también he dejado varias guías de pueblos que no te puedes perder:

Quimper

Capital histórica del departamento de Finisterre, es probablemente una de las villas con más encanto, elegancia y personalidad de toda la región. Te dejo aquí una guía de Quimper.

 

Tréguier

Tréguier es una pequeña e histórica villa que me pareció absolutamente cuca y desbordante de encanto. Te dejo aquí una guía de Tréguier.

 

Vitré

Situada a las puertas de Bretaña, esta histórica villa medieval me pareció un lugar absolutamente precioso y, sin duda, una de las grandes sorpresas de toda la región. Te dejo aquí una guía de Vitré.

 

Locronan

Ostenta con total merecimiento el título de uno de los pueblos más bonitos de Francia. Es un sitio pequeñito, de esos que se recorren muy fácil a pie, pero con un encanto tan bestia que te hace bajar las revoluciones nada más llegar. Te dejo aquí una guía de Locronan.

 

Concarneau

Esta pequeña ciudadela fortificada del siglo XV es uno de los rincones más singulares y con mayor personalidad de toda la costa bretona. Te dejo aquí la guía de Concarneau.

 

Auray

Ubicada a un paso del icónico Golfo de Morbihan, esta pequeña ciudad con carácter es uno de esos rincones donde el tiempo parece haberse detenido entre el murmullo del río, el olor a sidra y el peso de siglos de historia. Te dejo aquí una guía de Auray.

 

Mapa interactivo de los lugares que ver en Fougères

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