Pisar las calles de Vitré es lo más parecido a abrir un libro de cuentos y ver cómo sus ilustraciones cobran vida. Situada a las puertas de Bretaña, esta histórica villa medieval me pareció un lugar absolutamente precioso y, sin duda, una de las grandes sorpresas de toda la región. A diferencia de otros destinos más masificados, Vitré conserva una autenticidad intacta que te atrapa desde el primer segundo, invitándote a ralentizar el paso y a dejarte llevar por el encanto de otra época.
Su silueta está dominada por un imponente castillo fortificado que parece vigilar la ciudad desde lo alto, pero el verdadero tesoro se esconde en su laberinto de callejuelas empedradas. Caminar por su casco histórico es un festival para la vista: fachadas con entramados de madera de colores, porches centenarios que parecen desafiar a la gravedad y rincones llenos de flores que te obligan a sacar la cámara a cada paso. Es una ciudad que no solo se visita, sino que se siente y se saborea con calma.
Para que tú también puedas enamorarte de este rincón mágico tanto como lo hice yo, he preparado esta guía detallada con todo lo que necesitas saber: consejos, qué ver, dónde dormir…
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Consejos prácticos para ir a Vitré
¿Cómo llegar a Vitré?
A la hora de planificar la escapada, llegar a Vitré es súper cómodo porque la ciudad está genial comunicada, vayas como vayas. Como está situada en la entrada de la región (en lo que históricamente se conocía como las Puertas de Bretaña), no tiene pérdida.
Si tienes pensado moverte en tren, estás de suerte. Vitré cuenta con su propia estación de tren en pleno centro, y las conexiones son una maravilla. Desde Rennes, por ejemplo, el trayecto en el tren regional (TER) es un suspiro: en apenas 20 o 25 minutos te plantas allí. Además, si vienes desde más lejos, el tren de alta velocidad (TGV) conecta París con Vitré en poco menos de dos horas, lo que hace que sea una opción perfecta incluso para una excursión rápida de un día.
Por el contrario, si eres de los míos y prefieres hacer la ruta en coche para tener total libertad de horarios, el acceso es igual de sencillo. Vitré se encuentra muy cerca de la autovía gratuita N157 (la que une París con Rennes). Para que te hagas una idea de las distancias, el viaje en coche desde Rennes te llevará una media hora, mientras que desde Nantes tardarás alrededor de una hora y cuarto. Al llegar, lo ideal es que busques alguno de los parkings que hay en los alrededores de la estación o fuera de la muralla, ya que el casco histórico es principalmente peatonal y se disfruta muchísimo más caminando.
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¿Cuál es la mejor época para ir a Vitré?
A la hora de elegir cuándo planificar tu visita a Vitré, los meses que van desde finales de primavera hasta principios de otoño (de mayo a octubre) son, sin duda, la mejor opción. Durante esta época los días son mucho más largos y las temperaturas son muy agradables para pasear por sus calles empedradas sin congelarte. Además, la primavera y el verano visten al pueblo de gala: los vecinos llenan las fachadas de entramado de madera con flores de colores, las terrazas de las plazas cobran vida y el ambiente en el centro histórico es alegre y acogedor.
El verano (julio y agosto) tiene un atractivo muy especial en Vitré gracias a la animación cultural. Durante estos meses es cuando puedes disfrutar del famoso espectáculo de luces nocturno en el castillo, donde proyectan imágenes históricas sobre sus muros de piedra, transformándolo en un escenario de cuento. La única contrapartida es que, al ser temporada alta, coincidirás con más turistas, aunque al no ser un destino tan masificado como el Mont Saint-Michel, se sigue disfrutando con mucha tranquilidad.
Si prefieres huir del turismo y vivir el pueblo de una manera mucho más íntima, mayo, junio y septiembre son meses perfectos. Las temperaturas siguen siendo ideales para caminar y los precios de los alojamientos suelen bajar. Por el contrario, si te planteas ir en invierno, debes tener en cuenta que el clima bretón es frío y bastante lluvioso, y las horas de luz se reducen drásticamente. Eso sí, si viajas en diciembre, el pueblo se ilumina por Navidad y adquiere una atmósfera mágica y nostálgica que también tiene muchísimo encanto.
¿Cómo moverte por Vitré?

Rincones de Vitré
Una vez que dejas las maletas en el hotel o aparcas el coche, la forma de moverte por Vitré no tiene ningún misterio: tus propios pies van a ser tu mejor medio de transporte. El casco histórico de la ciudad, que es donde se concentran todos los monumentos, las casas de entramado de madera y el castillo, es relativamente pequeño y principalmente peatonal. Caminar es la única manera de saborear los detalles de sus fachadas medievales, meterte por sus estrechos pasadizos y disfrutar del encanto del pueblo a tu propio ritmo.
¿Cuánto tiempo dedicarle a Vitré?
Para disfrutar de Vitré con calma y exprimir todo su encanto, un día completo es el tiempo perfecto. Al ser una ciudad compacta, en una sola jornada tienes margen más que suficiente para visitar el interior de su impresionante castillo fortificado, perderte sin prisa por las callejuelas empedradas del casco histórico, sentarte a tomar algo en una terraza y fotografiar las fachadas medievales con la luz del atardecer.
Sin embargo, el tiempo ideal depende un poco del tipo de viaje que estés haciendo. Si vas con el tiempo justo y estás haciendo una ruta en coche por Bretaña donde Vitré es solo una parada técnica entre Rennes y el Mont Saint-Michel, con medio día tendrás suficiente. Te dará el tiempo justo pero necesario para ver el castillo por fuera, recorrer la Rue de la Baudrière (la calle más famosa del pueblo) y comerte una buena galette tradicional en el centro antes de continuar tu camino.
Atención sanitaria en Francia
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Dónde dormir en Vitré
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Qué ver en Vitré
Visita el castillo de Vitré

Castillo de Vitré
El gran protagonista de la ciudad, y lo primero que va a llamar tu atención en cuanto te acerques al centro, es el impresionante Castillo de Vitré. Esta imponente fortaleza medieval, construida originalmente en el siglo XI y reformada en los siglos XIV y XV, parece sacada directamente de una película de caballeros. Sus enormes torres circulares con tejados cónicos apuntados, sus murallas de piedra oscura y su puente levadizo forman una silueta espectacular que domina todo el paisaje urbano.
o mejor de todo es que el acceso al patio de armas es totalmente libre y gratuito. Puedes cruzar su gran portalón de entrada y pasear entre las imponentes torres de piedra para admirar la arquitectura desde dentro. Hoy en día, el propio ayuntamiento de la ciudad se encuentra alojado en uno de los edificios principales construidos en el interior del patio, integrando la vida moderna del pueblo en pleno corazón de su historia.
Para completar la experiencia, dentro de las estancias de la fortaleza se encuentra el Museo del Castillo de Vitré. El museo es perfecto para curiosear y entender el glorioso pasado de la villa. Al recorrer sus salas, distribuidas por el interior de las torres medievales, descubrirás una interesante colección de esculturas sagradas, chimeneas monumentales talladas en piedra, tapices antiguos y mobiliario de época. Además, la visita te permite acceder a partes altas de la muralla, desde donde tendrás unas vistas fantásticas de los tejados del casco histórico, algo que en un blog de viajes siempre se agradece.
Consejo de hormiga: si visitas Vitré durante los meses de verano, no te vayas del pueblo sin ver el castillo de noche. Al caer el sol, las piedras del monumento se iluminan con un precioso espectáculo nocturno que proyecta luces y recreaciones históricas sobre sus muros, haciendo que la fortaleza luzca todavía más mágica y fotogénica.
Pasea de las murallas de Vitré (Promenade des Remparts)
Para disfrutar de la arquitectura defensiva de Vitré desde otra perspectiva, no puedes perderte un paseo por la Promenade des Remparts. Aunque las murallas rodeaban originalmente todo el casco histórico, hoy en día este paseo ajardinado recorre principalmente un tramo específico del flanco norte y noreste de la fortificación. Es una zona preciosa, acondicionada como un sendero peatonal que sigue el trazado de los antiguos fosos.
Caminar por este sendero es una auténtica delicia porque te permite bordear los imponentes muros de piedra por el exterior, rodeado de vegetación, árboles y hiedra. Al estar situado justo debajo de las murallas, la sensación de altura de las torres es espectacular y el paseo es súper tranquilo, ideal para desconectar del bullicio del centro. A lo largo de este tramo irás descubriendo esquinas medievales brutales, como la imponente Torre de la Bridole.
El camino te llevará de forma natural hacia la zona del río Vilaine y el Pré des Lavandières (el antiguo prado de las lavanderas). Aunque no se pueda dar la vuelta completa a la ciudad por el exterior, este sector norte es, sin duda, el más fotogénico y mejor conservador. Para terminar de «rodear» la antigua villa fortificada, solo tendrás que volver a entrar al casco urbano y descubrir cómo el resto de la muralla y puertas míticas, como la Porte d’Embas, siguen vivas integrándose entre las casas actuales.
Descubre el centro histórico de Vitré

Centro histórico de Vitré
Si hay algo que te va a enamorar por completo de Vitré es, sin duda, su casco histórico. Toda la zona que queda resguardada por las antiguas murallas es un monumento en sí misma. Pasear por aquí es lo más parecido a entrar en un plató de cine ambientado en el siglo XV: el suelo es de adoquines desgastados por los siglos, no hay coches que rompan la magia y mires a donde mires te encuentras rodeado de una arquitectura medieval que se conserva de milagro.
El gran sello de identidad del centro son sus famosas casas con entramado de madera (las maisons à pans de bois). Son una auténtica fantasía visual: fachadas de colores pastel, vigas vistas cruzadas que forman dibujos geométricos y unos segundos pisos que sobresalen por encima de la calle desafiando la gravedad. Estos voladizos tan característicos no se hacían por capricho; en la Edad Media servían para ganar espacio en las viviendas y, de paso, para proteger la madera de la planta baja de la lluvia bretona.
Prés des Lavandières
A los pies de la imponente muralla norte y siguiendo el curso del río Vilaine, se esconde uno de los rincones más mágicos y relajantes de la ciudad: Prés des Lavandières.
Este precioso espacio verde debe su nombre a las antiguas lavanderas del pueblo, quienes venían hasta esta misma orilla del río para lavar las telas y la ropa, aprovechando las aguas de los canales artificiales que se crearon en la época medieval.
Caminar por este parque es una gozada absoluta para la vista y para el espíritu. El paisaje combina a la perfección la suavidad de los prados verdes con el agua del río y, sobre todo, ofrece una de las panorámicas más impresionantes y menos conocidas de Vitré. Desde aquí abajo, la perspectiva de las murallas medievales elevándose con toda su fuerza sobre el terreno rocoso es brutal y te da una idea real del carácter inexpugnable que tenía la villa en el pasado.
Hoy en día es el pulmón verde preferido tanto por los locales como por los viajeros para dar un paseo tranquilo, sentarse a leer bajo la sombra de los árboles o disfrutar de un pícnic. Cruzar sus pequeños puentes de madera sobre los riachuelos y caminar junto a los antiguos lavaderos te permite conectar con el pasado humilde y trabajador del pueblo, lejos del lujo de los grandes mercaderes del centro histórico.
Consejo de hormiga: si viajas en primavera o verano, intenta acercarte a este prado a primera hora de la mañana. La niebla baja que suele formarse a veces sobre el río Vilaine, sumada a la silueta del castillo y las murallas de fondo, crea una atmósfera misteriosa de lo más cinematográfica.
Calle Saint Louis

Calle Saint Louis
Para continuar explorando la maravillosa arquitectura medieval del pueblo, otra parada obligatoria que debes apuntar en tu ruta por el casco antiguo es la Rue Saint-Louis. Aunque es una calle más cortita y resguardada, es un rincón con un encanto brutal que alberga varias viviendas con entramado de madera espectaculares, con fachadas históricas que se conservan de maravilla.
Caminar por aquí es una auténtica delicia visual porque te rodea esa atmósfera medieval tan auténtica que caracteriza a Vitré, pero con la ventaja de ser una calle mucho más tranquila y menos transitada por las masas de turistas. Lo que hace especial a la Rue Saint-Louis es cómo sus llamativas estructuras de madera de colores y entramados geométricos conviven hoy en día de forma muy natural con la rutina diaria del pueblo. Es el rincón perfecto para recorrer sin prisa, levantando la mirada para admirar cómo los pisos superiores desafían la gravedad asomándose sobre el pavimento.
Calle Notre Dame
Una de las paradas imprescindibles y más espectaculares en cualquier ruta por el corazón medieval de Vitré es la Rue Notre-Dame. Esta animada calle peatonal funciona como una de las arterias principales del casco antiguo y concentra una riqueza arquitectónica brutal, reflejo de la época dorada en la que los ricos comerciantes textiles de la villa hacían fortuna exportando telas a toda Europa.
Al pasear por ella, el edificio que se lleva de inmediato todas las miradas es la antigua Auberge de Saint-Louis. Esta joya histórica es una de las fachadas más fotografiadas del pueblo gracias a su impecable estructura de entramado de madera oscura y a sus pronunciados voladizos, que parecen inclinarse con orgullo sobre los adoquines de la calle. El edificio evoca a la perfección la esencia de las viejas hospederías medievales que daban cobijo a los viajeros y mercaderes que llegaban a la ciudad hace siglos.
Además de esta icónica esquina de postal, la Rue Notre-Dame destaca por albergar un conjunto único de casas con soportales y galerías cubiertas en sus plantas bajas. En los siglos XV y XVI, estos porches de piedra y madera servían como los «centros comerciales» de la época, permitiendo a los comerciantes exponer sus valiosos paños a cubierto de la lluvia bretona. El broche de oro de la calle lo pone la monumental Iglesia de Notre-Dame, un templo de estilo gótico flamígero cuya ornamentada fachada exterior y su curiosísimo púlpito al aire libre te obligarán a detenerte un buen rato con la cámara en la mano.
Iglesia Notre Dame

Iglesia Notre Dame
La iglesia Notre Dame es un templo religioso impresionante que es el reflejo más grandioso de la riqueza que llegó a alcanzar el pueblo. Construida principalmente entre los siglos XV y XVI, esta obra maestra del estilo gótico flamígero bretón no fue financiada por reyes ni grandes nobles, sino por el dinero de la propia Cofradía de los Mercaderes de Ultramar, deseosos de mostrar al mundo su inmenso poder económico.
Al cruzar sus puertas, el interior te recibe con una atmósfera majestuosa. El templo destaca por albergar tesoros artísticos de un valor incalculable, como sus espectaculares vidrieras renacentistas del siglo XVI, que tiñen las naves de colores cuando se filtra la luz del sol. Es el broche de oro perfecto para terminar de entender la importancia de este impresionante templo, el verdadero corazón espiritual de Vitré, donde los mercaderes dejaron su huella grabada en forma de pequeños barcos e insignias comerciales en las piedras del exterior.
Vitré Lumières
Si piensas que la magia de Vitré se apaga cuando cae el sol, estás muy equivocado. Al contrario que los típicos festivales que solo duran un fin de semana al año, el espectáculo Vitré Lumières es una instalación fija que puedes disfrutar gratis durante gran parte del año.
Se trata de un recorrido nocturno súper inmersivo que tiñe de colores las calles del casco antiguo en cuanto empieza a oscurecer. Las fachadas medievales se convierten en lienzos donde se proyectan las famosas «vitrégraphies», unos juegos de luces artísticos que te van contando la historia de la villa a través de sus personajes más célebres, como los antiguos barones o los ricos mercaderes de telas.
Eso sí, para organizar bien tu viaje, ten en cuenta el calendario: de mayo a septiembre se enciende todas las noches, mientras que el resto del año (de octubre a abril) suele reservarse para los viernes, sábados y periodos de vacaciones. Hay cerca de treinta puntos de luz repartidos por todo el centro histórico, incluidos el castillo y la Iglesia de Notre-Dame. Es el planazo perfecto para dar un último paseo después de cenar y llevarte unas fotos nocturnas mágicas.
Consejo de hormiga: para no perderte ninguna de las proyecciones ocultas por las callejuelas, pásate por la Oficina de Turismo durante el día para pedir el mapa del recorrido.
Puerta de Saint Pierre

Puerta de Saint Pierre
En plena época medieval, Vitré estaba completamente protegida por una imponente muralla y contaba con tres grandes puertas de acceso. Pues bien, la de Saint-Pierre es la única que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días, convirtiéndose en un auténtico tesoro histórico y en uno de los rincones más fotogénicos de toda la villa.
Al plantarte frente a ella, lo primero que te llamará la atención es su robusta torre defensiva y el arco de piedra por el que cruzarás. Curiosamente, a finales del siglo XVIII la puerta estaba tan deteriorada que se derrumbó en su mayor parte, pero fue reconstruida con un mimo espectacular para devolverle su imponente aspecto original.
Hotel du Bol d’Or
Casi jugando con su propio nombre, en la parte más alta de la emblemática Rue d’Embas (en el número 10, para que no te pierdas), vas a encontrarte de frente con una de las construcciones más sorprendentes de Vitré: el Hôtel du Bol d’Or. Esta imponente mansión señorial del siglo XVI rompe por completo con la estética de casitas de madera de la calle y destaca, precisamente, por su monumentalidad y su peculiar arquitectura.
Lo que hace verdaderamente único a este edificio es que está construido en piedra. Al pararte a mirarlo, lo que más te va a llamar la atención es su espectacular torre poligonal y los llamativos remates decorativos de sus tejados de pizarra. Es un rincón superatípico que demuestra el enorme poderío económico que tenían los mercaderes de la época, capaces de levantar semejantes palacetes de piedra en pleno corazón del casco antiguo.
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Calle Baudrairie

Calle Baudrairie
Caminar por la calle Baudrairie es lo más parecido a meterse dentro de un cuadro medieval. Esta calle era el antiguo epicentro de los artesanos del cuero, pero hoy en día es famosa por concentrar una de las colecciones de casas con entramado de madera más espectaculares y coloridas que vayas a ver jamás.
Lo que hace que esta calle sea tan especial (además de sus llamativos colores amarillos, rojos y azules) es la peculiar inclinación de sus edificios. Si miras hacia arriba, verás que los pisos superiores sobresalen hacia adelante respecto a la planta baja.
Calle de la Poterie
Muy cerca de la iglesia de Notre-Dame vas a encontrarte con la Rue de la Poterie, otra de las calles más bonitas, auténticas y con más solera de todo Vitré. En su día, este rincón era el hogar de los maestros alfareros de la ciudad (de ahí su nombre), pero hoy en día es famosa por albergar un conjunto de casas medievales que te van a dejar con la boca abierta.
Lo que diferencia a la Rue de la Poterie del resto del casco histórico es que muchas de sus coloridas casas de entramado de madera cuentan con impresionantes soportales en la planta baja. Estos porches sostenidos por robustas vigas de madera servían para que los comerciantes pudieran exponer sus productos al aire libre protegiéndose de la lluvia bretona. Caminar bajo estos soportales históricos te da una atmósfera súper íntima y te hace sentir como un auténtico habitante de la Vitré del siglo XVI.
Calle d’Em Bas

Calle d’Em Bas
Para vivir la experiencia completa de entrar a la Vitré medieval tal y como lo hacían los viajeros de hace cinco siglos, tienes que recorrer de arriba a abajo la Rue d’Embas. Esta empinada y preciosa calle empedrada era una de las arterias principales de la ciudad y el eje central del antiguo barrio artesano que creció a los pies de la fortaleza.
Lo que hace que pasear por la Rue d’Embas sea una auténtica gozada es el contraste tan bestia de su arquitectura. A medida que vas subiendo su cuesta, a mano izquierda y derecha te irán saliendo al paso fachadas asimétricas con entramados de madera de mil colores, pero también imponentes mansiones señoriales construidas enteramente en piedra. Los mercaderes textiles de Vitré se hicieron ridículamente ricos en el siglo XVI y les encantaba competir entre ellos para ver quién levantaba la casa más espectacular de la calle.
Casa de l’Isle
Al pasear por la Rue de la Poterie es imposible no quedarse embobado con la Maison de l’Isle, una edificación que preside de forma majestuosa la esquina con la Rue Sévigné. Considerada como una de las estructuras más antiguas y con más solera de Vitré, esta casa es el vivo retrato de la arquitectura civil de finales de la Edad Media y principios del Renacimiento.
Su principal seña de identidad es el espectacular diseño de sus pisos superiores, que parecen desafiar la gravedad. El edificio cuenta con un pronunciado sistema de pisos voladizos que sobresalen hacia la calzada de forma escalonada. En su época, este ingenioso método constructivo permitía ampliar los dormitorios de las familias adineradas sin ocupar un solo centímetro extra de la vía pública, además de servir de paraguas natural para proteger de la lluvia las vigas del armazón inferior.
Pueblos bonitos que puedes visitar en Bretaña
Además de la guía de Bretaña, también he dejado varias guías de pueblos que no te puedes perder:
Locronan
Ostenta con total merecimiento el título de uno de los pueblos más bonitos de Francia. Es un sitio pequeñito, de esos que se recorren muy fácil a pie, pero con un encanto tan bestia que te hace bajar las revoluciones nada más llegar. Te dejo aquí una guía de Locronan.
Tréguier
Tréguier es una pequeña e histórica villa que me pareció absolutamente cuca y desbordante de encanto. Te dejo aquí una guía de Tréguier.
Quimper
Capital histórica del departamento de Finisterre, es probablemente una de las villas con más encanto, elegancia y personalidad de toda la región. Te dejo aquí una guía de Quimper.
Fougères
A escasos 40 minutos en coche del Mont Saint Michel se esconde un auténtico viaje en el tiempo. Te hablo de Fougères.
Mientras las masas de turistas se agolpan en el monte, Fougères te espera con una paz increíble y, sin exagerar, con la fortaleza medieval más grande de toda Europa. Te dejo aquí una guía de Fougères.
Concarneau
Esta pequeña ciudadela fortificada del siglo XV es uno de los rincones más singulares y con mayor personalidad de toda la costa bretona. Te dejo aquí la guía de Concarneau.
Auray
Ubicada a un paso del icónico Golfo de Morbihan, esta pequeña ciudad con carácter es uno de esos rincones donde el tiempo parece haberse detenido entre el murmullo del río, el olor a sidra y el peso de siglos de historia. Te dejo aquí una guía de Auray.
Mapa interactivo de los lugares que ver en Vitré






